lunes, 28 de mayo de 2012

¿Código de ética manual o de contraespionaje?


La ética de la investigación científica en antropología social es uno de los temas que tocamos en nuestra materia para los que se cuenta con menos bibliografía, partiendo de lo básico, que sería la existencia de un código de ética antropológica. Al menos no lo hay en Argentina y para la antropología social. Por ello siempre tomamos como referencia los códigos de la American Anthropological Asociation,  de la Asociación de Antropología Biológica Argentina o de la sociología. Por este motivo me atrajo el título del artículo de Maximilian Forte, “Cómo protegerse de un antropólogo: Un código de ética desde la base
Desde el título la propuesta ya resulta novedosa en tanto el código en cuestión se propone “desde la base” y se dirige no a los antropólogos sino a sus informante”. En efecto el autor advierte:
Esto es un documento escrito por un profesor de antropología, y usted debe sentirse libre de referirle a él como tal. Esto no es un documento escrito para antropólogos, sino para los que los reciben y acogen.
Además el título supone que un antropólogo es una persona peligrosa de la que hay que defenderse. También estas características despiertan el interés en leerlo. Ello se debe a que está redactado pensando en una situación especial en la que el antropólogo es un extranjero, en especial un inglés o norteamericano.
Este documento se basa en el supuesto de que el antropólogo extranjero trabaja con una comunidad que está organizada formalmente y que existe como comunidad en términos demográficos, residenciales y políticos, en un país diferente del país del investigador. Se supone que entre el antropólogo y la comunidad anfitriona no existen relaciones personales previas al comienzo de la investigación. Se supone además que el antropólogo no es miembro de la comunidad misma.
Salvo por la condición de extranjero los demás supuestos son válidos para la mayoría de los casos, por lo que me predispuse a leer el artículo en busca de indicaciones aplicables a otras situaciones. Pero el artículo es aún más original e ingenioso de lo que sugiere su título. 
El supuesto más fuerte no está explicitado pero sí sugerido: el antropólogo puede ser un espía. El segundo supuesto no explicitado es que los informantes están en condiciones de hacer los que el autor sugiere. Y el tercero es que el antropólogo puede satisfacer esas exigencias. Lo interesante es que de estos supuestos, los dos son falsos en la mayoría de los casos y el último siempre.
Veamos sólo algunos ejemplos de las recomendaciones de Forte a los informantes (Uds. pueden leer el artículo completo; realmente vale la pena):
  • Haga su propio código de ética y hágaselo saber a los antropólogos y a la institución de su país de origen, a su fuente de financiamiento, al comité de ética que reviso su propuesta de investigación, y hágales firmar para confirmar que hayan leído y comprendido el documento. Si no, envíe al antropólogo de regreso a su hogar.
  • Informe a su gobierno el nombre y origen del investigador y de que el o ella está en el país para llevar a cabo una investigación sobre usted y/o su comunidad.
  • Informe a la facultad en su universidad local, la universidad más cercana, o a la institución de investigación local en la que usted más confíe, del nombre y del origen del investigador extranjero, y proporcione detalles de su proyecto de investigación.
  • Si usted tiene amigos en los medios de comunicación locales, usted debe informarles también.
  • Exija ver una copia certificada de la propuesta de investigación que el antropólogo desarrollo como requisito para llevar a cabo su trabajo del grado y/o como parte de una petición para el financiamiento del proyecto. En el caso de una petición para el financiamiento de la investigación, pida ver todos los documentos que fueron mandados, y los que fueron recibidos por el investigador al haber sido aprobado su proyecto. Guarde todas las copias.
  • Informe al investigador que usted planea repasar el contenido de las ofertas de investigación detalladamente, y que usted tiene derecho de consultar con los investigadores locales. Mencione que posiblemente usted puede pedir cambios a la propuesta, y que cualesquiera que sean usted quiere que sean registrado en los mismos documentos revisados, y que se enviarán de regreso a la institución del investigador, ya sea de financiamiento o de otra índole. Pida el recibo firmado de las ofertas revisadas.
  • Exija evidencia formal que pruebe que el investigador está en su país con el conocimiento y la aprobación completos de su gobierno.
  • Pida las copias originales de los estados de cuenta del investigador por un período de un año, junto con una prueba de ingresos.
  • Negocie la remuneración inmediata y a largo plazo. Ser investigado toma su tiempo, y es razonable que usted cuente con una remuneración en términos materiales y monetarios, ya que usted está colaborando formalmente con la investigación y está haciendo posible el adelanto de la carrera del investigador.
Todas las recomendaciones de Forte me resultan muy graciosas. En primer lugar, la mayoría de los sujetos con los que trabajan los antropólogos en sus investigaciones pertenecen a poblaciones pobres y subalternas. Con frecuencia son analfabetos y carecen de conexión a las redes de energía eléctrica, agua potable y cloacas. Ni hablar de conectarse a Internet para leer el artículo de Forte. 
Pero aún si alguien se los acercara y pudieran leerlo o se los leyeran, por su condición subalterna no están en condiciones de seguir sus consejos porque a sus gobiernos no les importa siquiera de sus vidas. No es por casualidad que esas poblaciones llevan siglos de postergación, saqueo y abandono. Los gobiernos no atienden sus reclamos por derechos humanos o sociales básicos. ¿Los imaginan antendiendo a sus reclamos de información acerca de la legalidad del trabajo del antropólogo que los visita?.
Además ¿cómo acceden a contactarse con la universidad o el laboratorio en el que trabaja el antropólogo, o con la agencia que lo financia?. Si eso ocurriera en Argentina, ¿se imaginan al CONICET dándole explicaciones a los tobas sobre el financiamiento otorgado al investigador en cuestión?. En el Museo de La Plata los restos óseos de los indios que eran reclamados por sus descendientes durmieron más de 100 años antes de que les fueran restituidos (1). ¿Qué posibilidades hay de que un reclamo como el que aconseja Forte sea respondido en un tiempo razonable (menor al que le puede restar de vida al investigador, por ejemplo)?. ¿Se imaginan a la National Research Foundation respondiendo a una nota de los mapuches en reclamo de pruebas sobre la validez de las credenciales de un antropólogo norteamericano?.
En tercer lugar, ningún antropólogo está en condiciones de responder a las exigencias que plantea Forte. ¿Quien tiene una “ copia certificada de la propuesta de investigación”, o peor aún, quién lleva algo así encima, aún si lo tiene?. Cuando yo necesité un comprobante de mi condición de tesista solicité una constancia a mi Facultad y me proporcionaron una nota (sin certificar, por supuesto).
Por último, por razonable que pueda parecer el consejo de exigir una remuneración por el “trabajo” de informante, lo cierto es que a los investigadores mayoritariamente no les proporcionan financiamiento para eso. Y si lo hicieran probablemente también podría resultar cuestionable desde los puntos de vista ético y metodológico, pues los informantes estarían trabajando para un supuesto espía extranjero y la validez de la información que proporciona un informante a sueldo puede resultar dudosa.
En síntesis los consejos de Forte son absolutamente inaplicables. Aconseja a los informantes que hagan lo que no pueden hacer y que exijan al antropólogo lo que éste no puede ofrecer. Según este “código” no hay investigación antropológica posible. Sería mucho más práctico resumir estos consejos en uno solo:

“No reciba a los antropólogos en ningún caso. Échelos. No les responda ninguna pregunta. No se deje observar. Si Ud. es antropófago mejor cómaselos. Así se asegurará que no regresen. Y si es reductor de cabezas, zipee las de los antropólogos y no deje de exhibirlas en el museo comunitario, consignando el nombre, especialidad, Universidad de origen y fecha de defunción de los occisos. Así asustará a cualquier otro que llegue en el futuro y logrará que se vuelvan por donde vinieron.”

Pero si como código de ética el párrafo anterior resulta demasiado escueto, se puede enriquecer la propuesta de Forte con algunas exigencias adicionales. Por ej.:
  • Pídale al antropólogo que multiplique los panes y los peces y que camine sobre las aguas.
  • Pídale que recule con hojotas subiendo una pendiente.
  • Pídale que pase toda una noche dentro de una latita de azafrán y sin respirar.
  • Pídale que limpie la tierra y las aguas de los ríos de cualquier resto de petróleo derramado por alguna multinacional en la zona como Texaco, Repsol, Shell, etc., o que evapore los restos de glifosato esparcidos por los cultivadores de soja cercanos. También que cure a la gente de la comunidad de cualquier cáncer, enfermedad de piel, malformación congénita u otro padecimiento provocado por dicha contaminación.
  • Pídale que se convierta en un Ave Fénix, que se incinere ante sus ojos y que renazca de las cenizas unas horas más tarde, trayendo consigo algunos monitores de plasma de alta definición, ipods y tablets para todos y todas.
  • Si el antropólogo es argentino, exíjale  que le muestre su número de matrícula y que le lea la ley que regula el ejercicio de su profesión.
  • Reclámele que le explique en una sola frase en forma breve, concisa y fácilmente comprensible, qué es la antropología. (Aunque, pensándolo bien, esto último puede resultar muy cruel incluso para un espía extranjero).
Menos mal que Forte es profesor de antropología y no empleado público. No me gustaría que me tocara ser atendido por él al al tener que realizar un trámite. No quiero imaginarme la documentación que me pediría.
Más que un código ética el autor ha querido escribir un manual de contraespionaje orientado a impedir la realización de cualquier investigación antropológica. Todos sus consejos concluyen con la indicación de que “Si el antropólogo parece no estar conforme con sus peticiones, usted debe […] darle instrucciones para que parta y de por terminada su investigación”. Pero además aconseja a los informantes que mientan deliberadamente: “Escoja entre diferentes opciones la que mas le convenga -sea casual e impredecible- y proporcione información incorrecta”.
Yo me pregunto: si este señor es antropólogo (cosa que pareciera imposible) ¿no hay un código de ética que nos proteja a los antropólogos de colegas como éste, que tratan de impedir o invalidar el trabajo de sus pares?. ¿Uds. qué pìensan?.

NOTAS:
(1) Pepe, F. M., Añon Suárez, M., & Harrison, P. (2008). Identificación y restitución: «Colecciones» de restos humanos en el Museo de La Plata (2.a ed.). La Plata: GUIAS (Grupo universitario de investigación en antropología social).


Pepe, F. M., Añon Suárez, M., & Harrison, P. (2010). Antropología del genocidio. Identificación y restitución: «Colecciones» de restos humanos en el Museo de La Plata (2.a ed.). La Plata: Ed. De la Campana - Colectivo GUIAS (Grupo universitario de investigación en antropología social).