domingo, 10 de noviembre de 2013

¿No hay peor sordo que el que no quiere oir?

¿Te pasó alguna vez quedar desconcertado porque alguien se ofende por algo que le dijiste que en realidad no dijiste? ¿O que te discutan argumentando contra una idea que no expusiste ni compartís y que ni se te había pasado por la cabeza? ¿Te pasó que te atribuyan una intención que no tenías? ¿Cuantas veces vos mismo(a) procedés así con los demás? ¿Te pasa que que te digan “yo no dije eso”? ¿Alguna vez participaste en una discusión en la que te cansás de estar aclarando constantemente qué fue lo que dijiste y qué no dijiste o no quisiste decir? ¿Por qué se dan esas dificultades en la comunicación?. ¿Se dan situaciones similares en las entrevistas de investigación o en conversaciones durante el trabajo de campo?

Recientemente un compañero de trabajo llamado Gerardo me comentó un artículo que había leído hace algunos años en la revista Mutantia, que hablaba sobre la dificultad de la comunicación. Me pareció interesante y le pedí que me lo pasara, cosa que hizo de inmediato y que le agradezco profundamente. Como me gustó y quería compartirlo, antes de simplemente copiar y pegar, hice mi habitual búsqueda de fuentes, ya que no deseo engrosar las filas de los reenviadores compulsivos de fruta de origen dudoso.

Esa búsqueda vino muy bien porque descubrí que lo que en su momento publicó Mutantia era sólo un fragmento de un texto más extenso, del que existen varias copias en Internet, todas ellas fragmentarias y diferentes entre sí. Me aboqué entonces a la búsqueda del texto completo y finalmente lo encontré, pero en portugués, su idioma original. Traduje las partes que faltaban en las versiones existentes en castellano y de paso me informé sobre su autor, Artur Da Távola. 

Ahora sí, con el texto completo y la información corroborada les dejo el artículo en cuestión traducido al castellano. La única copia completa en nuestro idioma, hasta donde yo sé.

El autor

Paulo Alberto Moretzsohn Monteiro de Barros (1936-2008), más conocido por su pseudónimo Artur Da Távola, fue un abogado, periodista en diario, radio y TV, escritor y político brasileño, fundador del Partido da Social Democracia Brasileira(PSDB). Se inició en política en 1960 en el partido PartidoTrabalhista Nacional (PTN), el mismo que llevó a Dilma Rousseff como candidata a la presidencia en 2010. Durante la dictadura militar brasileña se exilió en Bolivia y en Chile. Fue presidente del PSDB, diputado y senador en la década del noventa, y en 2001 fue Secretario de Cultura de la ciudad de Río de Janeiro. Apasionado por la música clásica, dirigió durante varios años un programa sobre ese tema en TV Senado.

Hechas las presentaciones correspondientes les dejo el reflexivo artículo Artur Da Távola y espero sus comentarios.


La difícil facilidad del verbo ‘oir’

Por Artur Da Távola

Uno de los mayores problemas de la comunicación tanto de masas como la interpersonal es como el receptor o sea el otro, oye lo que el emisor o sea uno, la persona, ha hablado.

En una misma escena de telenovela, nota de noticiero o una simple charla o discusión, observo que la misma frase permite diferentes niveles de entendimiento.En la conversación ocurre lo mismo.

Ante este cuadro vengo desarrollando una serie de observaciones y, como estoy bastante entusiasmado con su formulación, la comparto con el electorado competente que, por supuesto, me ayudará, pasándome las investigaciones que tenga al respecto. Observen que:
  1. En general el receptor no oye lo que el otro habla: Oye lo que el otro no está diciendo.
  2. El receptor no oye lo que el otro habla. Oye lo que quiere oír.
  3. El receptor no oye lo que el otro habla. Oye lo que ya escuchó antes y coloca lo que el otro está hablando en aquello que se acostumbró a oír.
  4. El receptor no oye lo que el otro habla. Oye lo que imagina que el otro iba a hablar.
  5. En una discusión, en general, los discutidores no oyen lo que el otro está hablando. Oyen apenas lo que están pensando para decirlo enseguida.
  6. El receptor no oye lo que el otro habla. Oye lo que le gustaría oír que el otro dijese.
  7. Una persona no oye lo que la otra habla. Oye apenas lo que está sintiendo.
  8. Una persona no oye lo que la otra habla. Oye lo que ya pensaba respecto de aquello que la otra está diciendo.
  9. Una persona no oye lo que la otra está hablando. Retira del habla de la otra apenas las partes que tengan que ver con ella y la emocionen, agraden o molesten.
  10. Una persona no oye lo que la otra está hablando. Oye lo que confirme o rechace su propio pensamiento. Vale decir, transforma lo que el otro está hablando en objeto de concordancia o discordancia.
  11. Una persona no oye lo que la otra está hablando : Oye lo que pueda adaptarse al impulso de amor, rabia u odio que ya sentía por la otra.
  12. Una persona no oye lo que la otra habla. Oye del habla de ella apenas aquellos puntos que puedan tener sentido para las ideas y puntos de vista que en el momento la estén influenciando o tocando más directamente.
Estos doce puntos muestran qué raro y difícil es conversar. Lo que hay, en general, o son monólogos simultáneos canjeados a guisa de conversación, o son monólogos paralelos a guisa de dialogo. Hasta puede haber dialogo sin que, necesariamente, exista comunicación. Puede haber hasta un conocimiento de dos sin que necesariamente haya comunicación. Esta solo se da cuando ambos polos se oyen, no en el sentido material de "escuchar", sino en el sentido de procurar comprender en su extensión y profundidad lo que el otro esta diciendo.

Oír, por lo tanto, es muy raro. Es necesario limpiar la mente de todos los ruidos e interferencias del propio pensamiento durante el habla ajena.

Oír implica una entrega al otro. De ahí la dificultad de que las personas inteligentes efectivamente oigan si no hacen el aprendizaje. Su inteligencia es funcionamiento permanente, o su hábito de pensar, evaluar, juzgar y analizarlo todo interfiere como un ruido en la plena recepción de aquello que el otro está hablando.

No es solo la inteligencia lo que entorpece la audición plena, el acto de oír es perturbado por otros elementos. Uno de ellos es el mecanismo de defensa. Hay personas que se defienden de oír lo que las otras están diciendo, por verdadero pavor inconsciente de perderse a sí mismas. Precisan “no oír” porque “no oyendo” se libran de la rectificación de los propios puntos de vista, de la aceptación de realidades diferentes de las propias, de verdades diferentes de las propias y así en adelante, se zafan de lo nuevo que es salud pero que las aterroriza. No oír es pues, un sólido mecanismo de defensa.  

Oír es un gran desafío. Desafío de apertura interior, de impulso en la dirección del prójimo, de comunión con él, de su aceptación de como es y cómo piensa. Oír es proeza. Oír es rareza. Oír es un acto de sabiduría. Después que la persona aprende a oír, pasa a hacer descubrimientos increíbles, ocultos o patentes en todo aquello que los otros están diciendo a propósito de hablar.  

martes, 13 de agosto de 2013

¿A qué le teme la gente? La percepción de riesgos ambientales según la Teoría Cultural, de Mary Douglas

Como vimos en las entregas anteriores la obra de Mary Douglas tiene una fuerte influencia de la obra de Marcel Mauss y Emile Durkheim, particularmente la idea de que las categorías cognitivas y todo el pensamiento humano son de origen social. Asimismo sostiene que los riesgos se construyen socialmente. 

En primer lugar, es sociocultural determinar qué cosas constituyen riesgos y cuáles no. A esto se llama la “percepción social del riesgo”. Algunos autores prefieren hablar de “construcción social del riesgo”, pero esta expresión resulta ambigua para otros autores (véase p. ej. García Acosta, 2005) porque bajo la misma engloban, no sólo la idea de la percepción social (a la que consideran erróneamente “subjetiva”), sino también a un aspecto que consideran la construcción social “objetiva” de riesgos “reales”, en referencia al hecho de que algunas amenazas son producidas por la actividad humana y no provienen de la naturaleza. Así, por ej. todas las derivadas de los aglomeraciones urbanas, la industria y la tecnología. 

Pero también es social la decisión de cuáles de los riesgos reconocidos como tales resultan aceptables. Es decir, cuáles se está dispuesto a tomar. Tema que se conoce como “aceptabilidad del riesgo” y al que Mary Douglas (1996) dedicó su libro La aceptabilidad del riesgo en las ciencias sociales. Quién le teme a qué depende del tipo de relaciones sociales que sustenta cada uno. Según qué ideal de sociedad se sostenga, se apoyará un conjunto de valores y creencias, una idea de la naturaleza humana y también una idea de la Naturaleza. 

Hacia fines de los años ochenta, el antropólogo Michael Thompson, director del Musgrave Institute de Londres, utilizó la teoría cultural en su investigación sobre los debates acerca de política ambiental (Thompson, 1988; Thompson y otros, 1986). Según él existen diferencias sistemáticas en el modo en que los individuos perciben los riesgos ambientales. 
 “El método de Thompson consiste en escuchar atentamente los debates sobre el medio ambiente y en extraer de sus argumentos los supuestos básicos. Se vuelve infinitamente a las mismas cuestiones pero no se llega a ninguna conclusión. Eventualmente, las explicaciones habrán de terminar. Thompson advierte que las diferentes ponencias de los debates sobre los problemas ambientales apelan al modo de ser de la naturaleza. Siendo la naturaleza de este modo o de este otro, sólo puede aceptar tal política, o tal otra, y si nos equivocamos al reconocer la naturaleza misma de la naturaleza, lo que sobrevendrá será inexorablemente la ruina. Thompson identifica cuatro mitos distintivos de la naturaleza (Thompson y otros, 1990). Cada uno de ellos es una explicación del mundo que habrá de justificar el estilo de vida con el que está comprometido el expositor. Ese compromiso no es una intención privada. Es parte de la cultura a la que el expositor decidió adherirse. Thompson Ilustra los cuatro mitos de la naturaleza mediante cuatro diagramas tomados de la mecánica del equilibrio”. (Douglas, 1998, 99 Los diagramas que siguen representan un bola sobre una superficie, y están tomados de este mismo libro).

individualista
La Naturaleza es robusta, estable y resiliente (la pelotita siempre vuelve sola al punto de equilibrio). No importa cuánto se la explote o contamine. Ella cuenta con eficientes mecanismos para recuperarse y regenerarse. Ha existido por millones de años sin necesidad de que alguien se ocupe de cuidarla. No hay por qué preocuparse de ella, ya que no hay manera de hacerle daño. Se autorregula igual que los mercados libres. Los recursos son abundantes y lo que no explotemos nosotros lo explotarán otros. El crecimiento económico puede ser ilimitado al igual que el del bienestar. No se deben limitar las necesidades ni el uso de los recursos. Los riesgos ambientales son oportunidades. Las personas no necesitan modificar su conducta para con la Naturaleza y no son responsables de lo que le ocurra.La ciencia y la tecnología están permanentemente hallando nuevas soluciones y nuevos materiales y hay que confiar en que lo seguirán haciendo antes de que se agoten los recursos o se llegue a alguna crisis ambiental.
Esta visión justifica un estilo de vida basado en búsqueda del beneficio sin la imposición de limitaciones o reglamentaciones arbitrarias. La estrategia preferida para la gestión de riesgos ambientales es la del mercado. El establecimiento de “mercados” como el del carbono en los que el libre juego de la oferta y la demanda determine el precio que se debe pagar por contaminar. Sostienen también la “tragedia de los comunes” (Hardin, 1968) según la cual los bienes comunes tienden a agotarse debido a que no son propiedad de nadie y, por tanto, para evitar su agotamiento deben ser privatizados.

jerárquico
La naturaleza es tolerante, robusta y estable pero sólo dentro de ciertos límites más allá de los cuales podría ser imposible que se recuperarse. Por lo tanto esos límites se deben conocer con precisión y deben ser respetados. Los expertos (científicos) son los únicos calificados para determinar los umbrales de la Naturaleza, y el Estado debe ser su guardián y establecer las regulaciones correspondientes. En esta visión la explotación de la Naturaleza debe hacerse en forma controlada, o como se suele decir, “sustentable”. Los recursos son escasos y sólo son aceptables los riesgos que se toman dentro de los límites establecidos. Esta es la visión que se puede encontrar en el Informe Brundtland (1989). Se debe controlar el uso de los recursos porque no se puede controlar las necesidades.

igualitarista
La Naturaleza es frágil, efímera y sumamente inestable. Se encuentra en un delicado equilibrio y cualquier perturbación podría conducir a una catástrofe de consecuencias irreparables. La contaminación industrial, el consumo masivo de combustibles fósiles, la posibilidad de una guerra nuclear o de accidentes nucleares y el consumismo desenfrenado nos están llevando a la destrucción masiva, la extinción de numerosas especies, la desertificación, el cambio climático y eventualmente a la desaparición de toda forma de vida en la Tierra. Los recursos son escasos y tienden a agotarse. No es posible asegurar su abundancia por lo cual sólo se puede controlar las necesidades, y corresponde reducirlas. Es preciso disminuir el nivel de consumo actual a fin de asegurar a las generaciones futuras el mismo bienestar que disfrutamos nosotros. Los riesgos ambientales son ocultos e irreversibles.

fatalista
La Naturaleza es caprichosa e impredecible. No es posible saber en qué dirección se moverá la pelotita ni cuáles serán las consecuencias. Nadie puede saber cuánto daño puede hacer el hombre a la Naturaleza ni cuanta es la capacidad de ésta para regenerarse. Aún si lo supiéramos tampoco podemos hacer nada al respecto. No se pueden controlar los recursos ni las necesidades. Los riesgos son producto del puro azar. Por ende, la única estrategia razonable de gestión de riesgos es la resignación. Relájate y goza

De estas cuatro visiones de la Naturaleza se desprenden sendas estrategias de gestión de riesgos ambientales y políticas ambientales. Como se habrán dado cuenta, cada uno de las visiones de mundo que anteceden le teme a lo que amenaza su ideal de sociedad. 

Los individualistas valoran la libertad para buscar el beneficio y el éxito personal mediante el trabajo duro, la astucia y la negociación. Estos objetivos no pueden alcanzarse si se impone a los individuos limitaciones arbitrarias a su capacidad, inteligencia y esfuerzo. Convencidos de que el libre juego de las fuerzas del mercado garantiza que la búsqueda del beneficio individual conduzca a un estado óptimo (paretiano) de bienestar general, no aceptan ningún tipo de límite, como no sea el de mantenerse dentro de las reglas de la competencia. Si se coarta la libertad individual surgen los monopolios económicos y de autoridad, y se perfila en el horizonte el totalitarismo. 

Los jerárquicos valoran por sobre todo el orden y el respeto a la autoridad, las reglas y las diferencias sociales. La libertad y la igualdad constituyen para ellos libertinaje, caos, disolución y subversión del orden social. Esos son sus temores. En consecuencia, también la Naturaleza debe permanecer dentro de sus límites y leyes naturales. Son “los que saben” quienes deben determinar esos límites y descubrir esas leyes, y “los que mandan” deben hacerlos cumplir.

Los igualitaristas valoran, obviamente, la igualdad, la comunidad, las relaciones horizontales y solidarias. Le temen a la diferenciación jerárquica y las desigualdades sociales. Rechazan toda concentración de poder y riqueza, así como los privilegios. La democracia y el consenso son sus formas preferidas de administración de los asuntos públicos. Cualquier pequeña diferencia o privilegio pueden profundizarse amenazando la unidad y armonía comunitaria. Los igualitaristas culpan a las grandes empresas multinacionales por la contaminación ambiental. Culpan a la búsqueda egoísta del lucro personal y al hedonismo consumista de los países industrializados por el agotamiento de los recursos naturales y la explotación inhumana del trabajo en los países subdesarrollados. El mismo desarrollo entendido como crecimiento económico ilimitado pone en peligro a la vez a la sociedad igualitaria y a la Naturaleza. Se corresponde con la postura conocida como ambientalismo. En algunas de sus variantes se considera que la Humanidad es parte integrante de la Naturaleza, por lo cual no tiene sentido intentar dominarla o controlarla. La única política ambiental racional es el decrecimiento, la austeridad global en el consumo, la alimentación orgánica, vegetariana, la medicina alternativa holística, el “retorno a la Naturaleza”.

Por último, los fatalistas también valoran su libertad individual pero sostienen una visión conspirativa según la cual “los poderosos” ya tienen todo arreglado. Contra esa situación se sienten impotentes. Rechazan las relaciones sociales predominantes pero no consideran que sea posible reemplazarlas por otras debido a que el ser humano es egoísta e irracional por naturaleza. Sólo cabe aislarse para no ser cómplice ni engranaje del sistema. No es seguro que los individualistas y los igualitaristas nos estén conduciendo al desastre como aseguran los igualitaristas. Pero si así fuera de todos modos no lo podríamos evitar y no vale la pena intentarlo. Esta visión justifica su propio aislamiento y pasividad a la vez que su renuncia a buscar cualquier tipo de éxito por temor al fracaso.

Describiendo las diferentes posiciones acerca del cambio climático Michael Thompson (2000) explicó que un diagnóstico considera que el problema es la superpoblación y la solución el control demográfico, especialmente en el hemisferio sur, que tiene mayores tasas de crecimiento (visión jerárquica). Otro diagnóstico asegura que el problema es que se trata al ambiente como si fuera un bien gratuito cuando evidentemente no lo es. La solución sería, entonces, fijar los precios correctos (visión individualista). Otro diagnóstico considera que el problema es el despilfarro producido por consumismo descontrolado de los países del hemisferio norte, por lo que la solución es reducir el consumo en esos países. Que adopten voluntariamente un estilo de vida más frugal (visión igualitarista). Los fatalistas desconfían de toda la verborragia acerca de bienes públicos, bienes privados y bienes comunes, considerando que todos estos son clubes de bienes de los que ellos están excluidos de todos modos.

Los “sesgos culturales” no son tipos puros. En un artículo crítico de la Teoría Cultural, Steg y Sievers (2000, 252) explican que “uno puede ser individualista en un subdominio pero jerárquico en otro subdominio”. Por ejemplo, se puede ser igualitarista en el sindicato pero jerárquico en la familia. Por otra parte, dicen,
“Los mitos de la naturaleza se refieren a creencias generales acerca de cuestiones ambientales. Las creencias generales influencian creencias específicas, actitudes y normas, pero no están directamente relacionadas con el comportamiento. La gente puede manejar situaciones en contradicción con sus mitos de la naturaleza porque esta relación está mediada por otros factores tales como restricciones situacionales” (Steg y Sievers, 2000, 256).

En otras palabras, los seres humanos no siempre nos conducimos de forma coherente con lo que sostenemos. Si hicieron el test que les sugerí en el artículo anterior habrán notado que uno puede tener un porcentaje de cada uno de los diferentes tipos culturales que reconoce la teoría, aunque alguno de ellos predomine claramente sobre los demás. El punto es que la determinación de qué es un riesgo no es una cuestión individual ni técnica o científica, sino social, cultural y moral. Como sostiene Joan Bestard en el Prólogo a La aceptabilidad del riesgo...:
“Las nociones de riesgo no están basadas en razones prácticas o en juicios empíricos. Son nociones construidas culturalmente que enfatizan algunos aspectos del peligro e ignoran otros. […] La cognición de peligros y la elección de los individuos ante determinados riesgos tiene que ver más con ideas sociales de moral y de justicia que con ideas probabilísticas de costes y beneficios” como prefieren abordarlo los partidarios del enfoque actuarial, la elección racional y el individualismo metodológico (Bestard, 1996, 11).
“Los individuos están dispuestos a aceptar riesgos a partir de su adhesión a determinada forma de sociedad. […] la polución natural no es simplemente una cuestión de naturaleza. Lo que se considera polucionado es el orden político o económico que provoca los desastres naturales. Si se percibe que la naturaleza debe ser protegida es porque se considera que determinados grupos en la sociedad han rebasado sus límites de intervención. [...] El análisis neutral del riesgo no puede prescindir del análisis cultural de la atribución de las culpas. […] El debate sobre los riesgos naturales es un debate moral y político” (ídem, 15, 16).

Mary Douglas recuerda que la percepción de los riesgos, al igual que la atención y la memoria, es selectiva. Cada sesgo cultural proporciona unas “anteojeras” que focalizan algunos riesgos y soslayan otros. “Una persistente miopía, la selectividad y las contradicciones toleradas suelen ser señal no tanto de debilidad de percepción cuanto signos de una fuerte intención de proteger determinados valores y las formas institucionales que los acompañan. […] los vacíos y contradicciones en un sistema de pensamiento son una buena guía del marco institucional que lo sostiene y da vida“ (Douglas, 1996, 21). 

En este sentido, los riesgos en general y los ambientales en particular, son tan construidos como los problemas sociales: a) ocurren muchas cosas pero sólo algunas son consideradas problemas, b) no existe nunca un consenso total sobre qué es un problema, porqué es un problema y para quién es un problema, ni tampoco sobre cuál es la solución adecuada. Lo mismo ocurre con los riesgos. Lo que para algunos es un riesgo para otros no lo es. Mucha gente vive preocupada por el riesgo de que ocurran eventos muy improbables pero convive cotidianamente con peligros a los que no asigna ninguna importancia. Tampoco hay acuerdo sobre cuales riesgos se pueden asumir ni cómo se pueden evitar o disminuir. 

Por otra parte, hablar del origen de los riesgos es remitirse a las cuestiones morales de la responsabilidad, la culpa, el castigo y la justicia. Como pregunta Bestard:
“¿Qué relación hay entre los conceptos de contaminación ritual que los historiadores de las religiones nos han hecho ver y la contaminación de la naturaleza que, como nos recuerdan continuamente los ecologistas contemporáneos, es uno de los principales peligros que condicionan nuestra existencia?. ¿Qué relación hay entre la noción de tabú como un sistema de protección de la sociedad de los peligros que la amenazan y la noción de riesgo como un sistema de protección de nuestro futuro social?” (Bestard, 1996, 12).
 
Douglas (1996) dedica un capítulo entero a analizar las cuestiones morales de la aceptabilidad del riesgo; otro a los procesos culturales que seleccionan diversos tipos de peligros a través de mecanismos institucionales asignadores de responsabilidad, y otro más a examinar cómo diferentes tipos de entornos organizacionales influyen en la percepción social de los riesgos. Contradiciendo a autores que, como García Acosta, tildan su enfoque de “culturalista”, Douglas aborda el problema de la distribución desigual de los riesgos en la sociedad, lo que remite al tema de la vulnerabilidad diferencial de las poblaciones. 

Lo que carecería de sentido para la teoría cultural sería preguntarse cual de estas cuatro visiones de mundo o posturas ideológicas descritas es “la correcta”. Lo beneficioso para la sociedad es la pluralidad. Los diferentes marcos institucionales que sostienen cada una de estas posiciones tienen sus propias ventajas e inconvenientes y todas ellas deben estar disponibles para ser usadas cuando sean necesarias y para contrarrestar a las otras. Los pequeños grupos igualitarios dejan de ser funcionales en la gran escala, donde son más efectivas las jerarquías. Éstas a su vez son poco propensas al cambio y la innovación, aspecto en los que son más eficaces los mercados, con sus incentivos a los individuos con iniciativa. Pero los mercados librados a sus propias reglas de juego producen concentración de recursos y poder y, por ende, desigualdad, situación contra la que luchan las organizaciones igualitarias, que se preocupan por el bienestar de todos y cada uno, antes que por el bienestar promedio. 

¿Acaso es perfecta la teoría cultural?. Obviamente no. Tiene sus problemas, detractores e inconsistencias. Pero eso merece otro artículo. 

Bibliografía


Bestard, Joan (1996). Prólogo. En: La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales (pp. 9-16). Barcelona: Editorial Paidós. (Disponible en Google Books)
Douglas, Mary (1998). Estilos de pensar: ensayos críticos sobre el buen gusto. Gedisa. Recuperado a partir de http://www.quedelibros.com/libro/2815/Estilos-de-pensar.html
Douglas, Mary (1996). La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales. Editorial Paidós. (Disponible en Google Books)
García Acosta, Virginia (2005). El riesgo como construcción social y la construcción social de riesgos. En: Desacatos, 19, 11–24. Disponible en: http://187.141.49.252/sii/images/9.pdf
Hardin, G. (1968). The Tragedy of the Commons. Science, 162(3859), 1243-1248. Recuperado a partir de http://www.jstor.org/stable/1724745
Steg, Linda, & Sievers, Inge (2000). Cultural Theory and Individual Perceptions of Environmental Risks. Environment and Behavior, 32(2), 250-269. Disponible en: http://eab.sagepub.com/content/32/2/250
Thompson, Michael (1988). Socially Viable Ideas of Nature. En: Erik Baark and Uno Svedin.
Thompson, Michael Ellis, Richard J., & Wildavsky, Aaron B. (1990). Cultural theory. Westview Press.
Thompson, M. (2000). Understanding environmental values: A cultural theory approach. En Event Paper (p. 10). Presentado en Carnegie Council on Ethics and International Affairs, New York. Disponible en: https://www.carnegiecouncil.org/publications/articles_papers_reports/710.html/_res/id=sa_File1/711_thompson.pdf
Wildavsky, Aaron, & Dake, Karl (1990). Theories of Risk Perception: Who Fears What and Why? Daedalus, 119(4), 41-60. Disponible en: http://www.jstor.org/stable/20025337


martes, 30 de julio de 2013

Sesgos culturales, relaciones sociales y culturas políticas. La “Teoría Cultural” de Mary Douglas (parte 2)

En el artículo anterior vimos una breve biografía intelectual de Mary Douglas como para situar los orígenes de la Teoría Cultural, y luego vimos sus ideas centrales y las dimensiones en las que se basa para discriminar diferentes “visiones de mundo” o “sesgos culturales” presentes en toda sociedad. En esta ocasión haremos una caracterización más detallada de cada una de esas visiones de mundo para, en una próxima oportunidad, ver su aplicación en el análisis de la percepción de riesgos ambientales, y de otros tipos.
Primeramente es preciso entender que según la Teoría Cultural cada una de las visiones de mundo, sesgos culturales o ideologías consisten en un conjunto de valores y creencias que sostienen determinadas pautas o patrones de relaciones sociales a los que se denomina relaciones sociales de tal modo que “no existen relaciones sin sesgos culturales que las justifiquen ni sesgos sin relaciones que las sostengan” (Wildavsky y Dake, 1990, 44). Las relaciones sociales se refieren usualmente a un ideal de sociedad deseada o concebida (libre, jerárquica, igualitaria, etc).
No cualquier visión de mundo es compatible con cualquier ideal de sociedad. Las combinaciones viables entre cierta visión de mundo y ciertas relaciones sociales conforman lo que esta teoría llama “modos de vida” o “culturas políticas”. A este principio se le conoce como la “condición de compatibilidad” (compatibility condition). En la mayoría de las versiones se mencionan cuatro estilos de vida: jerárquico, igualitario, individualista y fatalista, pero algunas versiones incluyen una quinta a la que denominan autonomista y ubican en el cruce de las dos dimensiones (grilla y grupo) indicando una suerte punto cero para ambas. Por ser poco frecuente su uso no la desarrollaremos aquí, pero si quieren profundizar en ella pueden consultar el artículo de Mamadouh (1999).
Otra idea central de la Teoría Cultural es que los estilos de vida rivalizan entre sí, por lo que no pueden existir aisladamente. Cada uno de ellos se basa en el rechazo de los otros. Ocasionalmente dos modos de vida pueden coaligarse en base a sus coincidencias en contra de un tercero. Pero sólo temporariamente y para ciertos fines. Esta proposición recibe el nombre de “condición de variedad necesaria” (requisite variety condition).
Esto no implica que cada modo de vida deba estar igualmente representado numéricamente en un grupo humano o que deba existir un equilibrio de poder o influencia entre todos ellos. Usualmente es uno el que predomina, pero ese rol dominante puede corresponder a diferentes estilos de vida en diferentes momentos. Esto le otorga a la sociedad una mayor estabilidad del mismo modo que la biodiversidad es beneficiosa para la Naturaleza:
CITA: “Una nación en la que están presentes diferentes modos de vida es menos vulnerable a las sorpresas y dispondrá de un repertorio más amplio a la hora de responder a situaciones novedosas y repentinas. Por supuesto, todavía podrá equivocarse, pero se equivocará menos que sociedades más homogéneas” (Offermans et al., 2010).
Una revisión bibliográfica permite caracterizar los cuatro principales modos de vida como sigue:


A. Individualismo

Entre los individualistas el control grupal es bajo a nulo y los lazos sociales son débiles. Las personas sienten poca obligación hacia los demás y presentan escasa lealtad e identificación grupal. La conducta individual es autorregulada en función de los valores personales y a partir de la competencia. Se tiene en alta estima la libertad y la autonomía individual. Las personas con un estilo de vida individualista buscan diferenciarse de los demás, evitan la homogeneización o la masificación y seguir al rebaño. Al mismo tiempo rechazan las prescripciones y restricciones impuestas por otros, las jerarquías y el control centralizado. El mercado es su mecanismo de regulación social predilecto y la negociación su forma de establecer reglas. Todo es negociable entre individuos responsables y autónomos.
Tienen orientación a la acción, el éxito, el mérito, el logro y la ambición personal. Valoran el esfuerzo propio (self made man), la iniciativa y la perseverancia. Se mueven por incentivos. No consideran un privilegio lo que se ha obtenido de ese modo, por ello no es infrecuente observar entre ellos un consumo ostentoso.
Una consecuencia de la autonomía es que cada individuo debe arreglarse solo para salir adelante con sus propios recursos. El individuo está antes que la sociedad. Ésta debe facilitar el desarrollo autónomo y la autorrealización de los individuos y no ahogar su individualidad intentando homogeneizarlos. Su estereotipo podría ser el Bik man, el héroe, el pionero, el fundador. Se la asocia a la democracia liberal.

B. Fatalismo, aislamiento

La visión del mundo fatalista corresponde a una situación de lazos sociales débiles, control grupal de la conducta débil y grilla fuerte, es decir, que se acompaña un sistema de categorías rígidas y bien delimitadas. Los individuos fatalistas se consideran consideran excluidos de los principales grupos que conforman la sociedad y sujetos a restricciones externas sobre las que no tienen control. Ven la vida como una cuestión de suerte. La historia es producto de conspiraciones acordadas entre los poderosos, en las que ellos no tienen ninguna participación ni posibilidades de modificar. Todo lo que cabe hacer es adaptarse, resignarse y soportar. Piensan que no tienen el control de su propia vida. El futuro es incierto, impredecible. La autoridad es despótica.
El mundo es una lucha de todos contra todos. No se puede contar con los demás. Las personas están libradas a su propia suerte, la que puede ser buena o mala, pero inmodificable. Por ende son apáticos, desconfiados, pesimistas y reacios a ayudar o solidarizarse con otros y a sumarse a cualquier tipo de causa o compromiso. Cuando tienen éxito consideran que es por su propio mérito.
Son introvertidos y retraídos por elección. Reniegan de las convenciones sociales (horarios, modas, ritos, etiqueta, etc.). Valoran la independencia y autosuficiencia que les da su marginación voluntaria. Se guían por sus propias normas idiosincráticas. Sus estrategias políticas son el sabotaje y la no colaboración. Su estereotipo sería el ermitaño antisocial. Se puede vincular parcialmente con el anarquismo, pero hay que recordar que esta visión de mundo no conduce a participar de ningún movimiento, partido o expresión colectiva y organizada, por lo cual no es lo mismo que el anarquismo político
 

C. Jerarquía conservadora autoritaria

Es el modo de vida de los grupos cerrados, selectos, las élites, estructurados jerárquicamente. Valoran un universo ordenado con “Un lugar para cada cosa (o persona) y cada cosa (o persona) en su lugar”, por lo que son propensos a las clasificaciones rígidas. Presentan un fuerte control grupal de la conducta individual mediante reglas estrictas, muchas veces en concordancia con roles adscritos marcados por el género y la edad. Corresponde a la ya mencionada “familia posicional” de Bernstein. Aprueban y justifican las desigualdades.
Se caracterizan por su formalidad, ritualismo, compartimentación y corporativismo. Presentan una racionalidad “burocrática”, gran respeto a las reglas, los procedimientos, la disciplina, la cadena de mandos, la autoridad, el orden “natural” y la estabilidad social. Los grupos de mayor jerarquía, los que saben, los que mandan, los poderosos y los acaudalados, merecen más respeto. Valoran los privilegios heredados, la alcurnia, el honor, el deber, la verdad única y la tradición. Los individuos deben contribuir a la sociedad de la que forman parte.
Tienen muy baja tolerancia a la desviación de las reglas a la que consideran anomalía, caos, anarquía, subversión o aberraciones y fuente de impureza, que deben ser corregidas.
La contracara del fuerte corporativismo y cohesión grupal es la hostilidad hacia los extraños, quienes pueden ser catalogados despectivamente como herejes, plebe, paganos, bárbaros, subversivos, etc. Suelen hacer uso de la fuerza dentro del grupo y frente a otros grupos.
El interés del grupo está antes que el del individuo. La coordinación social se logra mediante programación detallada y clasificación. Su estereotipo es la aristocracia, los gremios medievales, las fuerzas armadas, la burocracia y la organización taylorista del trabajo. Se la asocia al totalitarismo
 

D. Igualitarismo

El modo de vida igualitario presenta lazos sociales fuertes y control grupal fuerte pero con una grilla débil. Los grupos son compactos pero simples, poco estructurados y poco diferenciados internamente. Se valoran la solidaridad, la horizontalidad, el basismo, la espontaneidad, la simplicidad, la transparencia, la autenticidad y la integridad, el pacifismo y la no violencia. La sociedad debe proveer lo necesario para todos los individuos. El interés del grupo está antes que el del individuo. El tipo de autoridad preferida es carismática y rotativa y reside en el propio grupo antes que en individuos definidos. Existe una fuerte presión social para amoldarse a los valores y normas del grupo y un fuerte rechazo a la diferenciación de estatus, niveles socioeconómicos, y a la acumulación de riqueza o poder, por lo cual se promueven mecanismos de redistribución y nivelación y se rechaza la discriminación. Todos los miembros del grupo son básicamente iguales.
La conducta se regula en base a valores comunes y consensos grupales con un mínimo de prescripciones externas. Es una utopía practicable en colectivos reducidos antes que en naciones enteras. Si un miembro del grupo con conductas egoístas, discriminadoras o agresivas se resiste a corregir su comportamiento la sanción suele ser el aislamiento y en último término la expulsión. Su estereotipo es la comuna de iguales. Se la vincula al ideal socialista.

Más arriba decíamos que los modos de vida pueden coaligarse ocasionalmente contra un tercero. Notarán en base a la descripción anterior que los jerárquicos y los igualitaristas se encuentran ambos en el extremo derecho de la dimensión grupo, por lo que comparten la supremacía del grupo sobre el individuo, la importancia de los lazos sociales y la identificación con un grupo de pertenencia. Ambos pueden hacer causa común contra el individualismo y el fatalismo, en tanto modos de vida que valoran al individuo por sobre la sociedad. Al mismo tiempo dicha coincidencia es la que permite a los liberales políticos agrupar al socialismo y al fascismo bajo el rótulo de “totalitarismo”. Lo que opone a jerárquicos e igualitaristas es su posición frente a la autoridad, las jerarquías y las desigualdades sociales.
Asimismo, los individualistas comparten con los igualitaristas el extremo inferior de la dimensión grilla, que corresponde a una baja complejidad en el sistema de categorías o estamentos sociales. Ambos regulan la conducta individual a partir de valores antes que por medio de imposiciones externas establecidas en función del estatus de las personas. Por ende comparten su rechazo a las jerarquías, el corporativismo y el autoritarismo que tanto se valora en el modo de vida jerárquico, y pueden eventualmente coaligarse entre sí para oponerse a este último.
Los que nunca integrarán una coalición son los fatalistas, dado que en su opinión no tiene sentido luchar cuando ya está todo arreglado y es imposible modificar el status quo.
Según esta teoría las cuatro visiones de mundo recién descritas son incompatibles, irreconciliables, opuestas y hostiles entre sí. Cada una se define por contraste con las demás. Están en conflicto permanente unas con otras, compiten por miembros, prestigio y recursos y su conversación es “un diálogo de sordos” puesto que parten de valores diferentes.
Hasta aquí podría parecer un enfoque culturalista y meramente clasificatorio. Mary Douglas lo usó para dar sentido a diferentes actitudes y conductas religiosas y sanitarias de los grupos africanos entre los que realizó su trabajo etnográfico. Pero su teoría fue expandida y mejorada por los antropólogos Michael Thompson y Steve Rainer y los politólogos Aarón Wildavsky, Richard Elis y otros autores, quienes además la usaron para explicar discusiones sobre políticas públicas de nivel nacional e internacional. De estas derivaciones nos interesan especialmente las discusiones sobre el cambio climático, la caracterización de la Naturaleza y el análisis de la percepción de riesgos ambientales. Pero esto será tema de un próximo artículo.

Mientras tanto, es probable que al leer las descripciones se hayan sentido más identificados con una de las visiones de mundo que con las demás. O tal vez encontraron coincidencias parciales con más de una de ellas. Según la Teoría Cultural las dimensiones son un continuo, por lo que los individuos y los grupos pueden ocupar distintas posiciones a lo largo de cada una de ellas. ¿Les gustaría hacer un test gratuito que indica qué porcentaje de cada una de ella compone su propia visión de mundo?. Como todos los tests es limitado y relativo, pero si la experiencia les parece interesante de todos modos pueden visitar la página The Scientific Cultural Theory Test.

Además, quienes entienden inglés pueden mirar el video de una de las últimas entrevistas realizadas a Mary Douglas, en Febrero de 2006

Parte 1


Parte 2



Bibliografía:

Douglas, M. (2005). Grid and group. New developments. Presentado en Workshop on complexity and Cultural theory in honour of Michael Thompson, Londres: London School of Ecnomics.
Douglas, M. (2007a). A history of grid and group cultural theory (Vol. Lecture 1, p. 14). Presentado en A Course on Cultural Theory: The Group / Grid Model, Toronto: Semiotics Institute Online.
Douglas, M. (2007b). Seeing everything in black and white (Vol. Lecture 2). Presentado en A Course on Cultural Theory: The Group / Grid Model, Toronto: Semiotics Institute Online.
Mamadouh, V. (1999). Grid-group cultural theory: an introduction. En: GeoJournal, 47(3), 395-409.
Offermans, A. (2010). History of Cultural Theory; a summary of historicaldevelopments regarding Cultural Theory (No. U10058) (p. 30). Maastrich: Maastrich University.
Thompson, M., Grendstad, G., & Selle, P. (Eds.). (2013). Cultural Theory as Political Science. Routledge.
Wildavsky, A., & Dake, K. (1990). Theories of Risk Perception: Who Fears What and Why? Daedalus, 119(4), 41-60.

jueves, 25 de julio de 2013

La "Teoría cultural" de Mary Douglas

Ha pasado mucho tiempo desde mi último artículo, pero es que estuve muy ocupado preparando la defensa de mi tesis. O sea... ¡ehhh!. Me recibí!!!. Así es que ahora estoy de vuelta con muchos proyectos de los cuales este blog es una parte importante.

Pasando de una vez al tema de este artículo, con frecuencia en ámbitos no académicos y no antropológicos se valoran antropólogos o teorías antropológicas poco conocidas o poco valoradas por los mismos antropólogos. Probablemente en otra ocasión me refiera a Hofstede, o a Dunbar, pero hoy quiero contarles sobre Mary Douglas y su “Teoría cultural”. 

Mary Douglas en África en su juventud
Mary Douglas poco antes de su muerte
Margaret Mary Tew nació en San Remo, Italia, el 25 de marzo de 1921 y falleció en Londres, el 16 de mayo de 2007, a los 86 años. Pero se la conoce por su nombre de casada: Mary Douglas. Su padre era funcionario del Servicio Colonial Británico y su madre era irlandesa y, por consecuencia, católica. Mary y su hermana Patricia fueron educadas en el colegio del Sagrado Corazón de Roehampton. Ya mayor, durante la Segunda Guerra Europea Interimperialista (mal conocida como Segunda Guerra Mundial) Mary estudió filosofía y ciencias políticas y económicas en Oxford y trabajó en la Colonial Office. En Oxford fue discípula de sir Edward Evan Evans-Pritchard. 

Tras recibirse en 1949 partió para el Congo Belga a realizar su trabajo de campo entre los lele, en el territorio que anteriormente perteneció al Reino de Kuba, entre los ríos Kasai y Loange. De esa estadía son fruto sus libros Peoples of the Lake Nyasa Region, que publicó como Mary Tew en 1950, luego del cual obtuvo su doctorado en 1951, y Los lele de Kasai, publicado originalmente en 1963. 
Vivió 11 años en los EEUU y en 1988 volvió a Londres. En 1992 llegó a ser Commander of the Order of the British Empire (CBE), y en 2006 fue nombrada Dama del Imperio Británico por la Reina de Inglaterra y fue condecorada con la Gran Cruz de la Orden del Imperio Británico que pueden ver abajo de estas líneas.

Gran Cruz de la Orden del Imperio Británico
M. Douglas Dama del Imperio Británico




















El punto que deseo destacar es que la obra de Mary  Douglas es valorada fuera de la disciplina porque permite comprender y explicar los posicionamientos ideológicos de las personas en una gran variedad de temas sensibles, como el cambio climático, los organismos genéticamente modificados (OGM), la industria farmacéutica, la macrobiótica, la comida vegetariana, la contaminación ambiental, las armas nucleares, la capa de ozono, la inseguridad, el desarrollo sostenible, o las multinacionales, pero la mayoría de los antropólogos no lo sabe o bien no comparte el mismo entusiasmo.
Algo que tienen en común todos los temas a los que se aplica la obra de Mary Douglas es que se refieren a las nociones (y por ende a las actitudes derivadas de ella) de riesgo, peligro y pureza. ¿Se ve?. De ahí derivan sus conexiones con la contaminación, la salud, los alimentos, los medicamentos y los estilos de vida. Pero lo interesante es que todo ello suele ir de la mano con actitudes hacia la libertad, la autoridad y las jerarquías, lo que alude a formas de organización social.
Esta línea de trabajo quedó inaugurada con la publicación de su libro Pureza y peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú (1966), el cual fue seguido de Los símbolos naturales, (1970), Cómo piensan las instituciones (1986) y Estilos de pensar: ensayos críticos sobre el buen gusto (1996). Por supuesto también exploró otros temas, como la economía, pero esta nota no pretende abarcar toda la obra de Mary Douglas, sino que se refiere sólo a la llamada “teoría cultural” o teoría de “grilla-grupo”.Esta es un realidad un producto colectivo en el que la antropóloga no estuvo sola. Según cuenta ella misma:
“Junto a Aaron Wildavsky escribí Riesgo y Cultura (1982), que desarrolla una teoría de la percepción del riesgo derivada directamente de Pureza y peligro. Fue un intento de aplicar a los entonces vigentes debates sobre la percepción del riesgo lo que los antropólogos entienden acerca de la percepción del peligro. En los setentas las teorías psicológicas en boga se concentraban en la psique del individuo, mientras que los antropólogos se interesan principalmente en las presiones sociales para adaptarse. Tratan de pensar sistemáticamente acerca de cómo es influenciado un individuo por la cultura que lo rodea. El subtítulo “Un ensayo sobre la selección de peligros tecnológicos y ambientales” indica el foco en la selección. Algunas de las cosas que tememos no son motivo de miedo para otras personas; hay algunos principios que seleccionan las cosas que estamos preparados para evitar. Los Lele temían a la brujería de sus vecinos, en base a evidencia muy endeble, y tenían miedo de ser fulminados por un rayo, un evento muy raro, pero enfrentaban otros peligros frecuentes con calma. Aproximadamente, ellos y nosotros nos interesamos más en los peligros de los que plausiblemente se puede culpar a alguien. Es parte de una teoría general de la politización de la naturaleza. Continué este libro con una reseña bibliográfica sobre la percepción del riesgo, La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales (1985) y posteriormente con la compilación de ensayos Riesgo y culpa (1992)”. (http://www.semioticon.com/people/Douglas.html mi traducción)
La idea original le fue sugerida a Douglas por los trabajos sobre la comunicación familiar de Basil Bernstein (Class, codes and control, 1977). Este sociólogo y lingüista británico postulaba que las familias que otorgan gran importancia a las jerarquías sociales educan a sus hijos haciendo permanentes referencias a su estatus subordinado de niño e hijo y a las conductas esperadas y restricciones correspondientes a esa posición (“Porque sos chico”, “porque sos el hermano mayor”, “porque sos varón”, “porque soy tu padre”, etc.). Mientras que otras familias para educar a sus hijos los inducen a reflexionar sobre las consecuencias directas de sus acciones y tomar en cuenta los sentimientos de los demás, considerando cómo se sentirían ellos si estuvieran en su lugar (“¿a vos te gustaría que se burlen de de vos porque sos gordo?”, “si vos fueras el perro ¿te gustaría que te tengan atado?”, etc.). 
 
Al primer tipo de familia Bernetein las denominaba “posicionales” y al segundo “personales”. La comunicación en las primeras se caracterizaba por un “habla (código) socialmente restringida” mientras que en las segundas se observaba un “habla (código) elaborada”.
Bernstein graficó estas dos dimensiones (grado de elaboración del habla y sistema de control familiar) en un sistema de ejes cartesianos, obteniendo cuatro cuadrantes. También se podría representar como una tabla de doble entrada con dos variables dicotómicas, que produce cuatro tipos de familias (ver Los símbolos naturales pag. 49).
Este esquema de análisis bidimensional fue lo que tomó inicialmente Mary Douglas, reteniendo la de la jerarquía como eje vertical con el nombre de “grilla” y llamando al eje horizontal “grupo”. Esta idea básica, según relató ella misma en una de sus últimas conferencias (sino la última), “fue radicalmente rediseñada por colaboradores creativos” como Aaron Wildsvsky, Michael Thompson, Richard J. Ellis y otros (Douglas, 2007). 

La Teoría cultural. Dimensiones


En su versión más difundida las ideas centrales de la teoría cultural son las siguientes.
Las estructuras de la organización social invisten a los individuos con percepciones que refuerzan esas estructuras en competencia con sus alternativas. Es posible encontrar en toda cultura cuatro (posteriormente otros autores agregarían una quinta) “visiones de mundo” o “sesgos culturales” en competencia que apoyan cada una de ellas diferentes modelos de organización social ideal y sirven como una guía para la formulación de grandes orientaciones valorativas o “modos de vida” sobre las cuales se fundamentan posiciones sobre distintas políticas. Estas cuatro visiones de mundo habitualmente denominadas: jerárquica, individualista, igualitarista y fatalista, surgen de la combinación de las dos dimensiones mencionadas anteriormente según se muestra en la siguiente figura.


La dimensión “grupo” se refiere al grado en el que los individuos se consideran parte de, se identifican con y son definidos por su pertenencia a unidades o colectivos sociales delimitados. Esta dimensión se refiere al grado de en que las personas que integran un grupo se sienten unidas a otras y se identifican con el grupo. En el extremo izquierdo (grupo débil) hay individuos separados y sin un sentimiento de pertenencia a una unidad común, por más que se asemejen entre sí en algunos aspectos. Cada uno de ellos es autónomo y autosuficiente, dependiendo básicamente de si mismo y sus propios recursos para salir adelante. La solidaridad es baja y si es que existen lazos entre ellos son débiles y laxos. En el extremo derecho (grupo fuerte) se ubican las personas con un fuerte sentimiento de pertenencia e identificación con un colectivo dentro del cual las relaciones sociales con más profundas y los lazos de unión más fuertes, personales y estables, como en la “comunidad” de Ferdinand Tönnies. Las elecciones y preferencias de los individuos se encuentran fuertemente influenciadas por el grupo.

La dimensión “grilla” se refiere al grado en que la interacción de los individuos está pautada por prescripciones sociales, como reglas, normas, leyes y tradiciones. En el extremo inferior (grilla débil) los individuos se enfrentan con poca o ninguna imposición de límites externos, al igual que con poca orientación o guía. Los individuos negocian permanentemente el carácter y los términos de sus relaciones e intercambios mutuos, lo cual implica mayor libertad pero también mayor incertidumbre y costos de transacción. Todo está por negociarse. En el extremo superior (grupo fuerte) se impone a los individuos un denso conjunto de normas sociales que restringen su libertad, limitan sus opciones y orientan su elecciones, pero también limitan su incertidumbre. Todo está ya prescrito de antemano. Cuanto más fuerte la grilla más importante resulta determinar la posición de un individuo en el sistema jerárquico, su pertenencia a una determinada clase de individuos, para saber cuáles son las normas de conducta por las que le corresponde guiarse. Asimismo cuanto más fuerte la grilla más marcado es el límite entre pureza a impureza (pecado, suciedad, transgresión, peligro, riesgo), mayor rigor se espera en el cumplimiento de las normas, y menor es la tolerancia a la transgresión.
Ambas dimensiones representan principios de regulación de la sociabilidad. Las dimensiones representan un continuo a lo largo del cual es posible encontrar diferentes posiciones. No son distinciones dicotómicas.

Como señalé anteriormente, este esquema de análisis permite dar cuenta de la toma de posición sobre numerosos temas: el cambio climático, la contaminación ambiental, la responsabilidad de las empresas multinacionales, el aborto, el tipo de alimentación preferida, los organismos genéticamente modificados, el uso de los recursos naturales, los métodos adecuados de educación de los niños, el desarrollo tecnológico, los medicamentos, las formas de consumo, los estulos de administración de empresas y otras instituciones, la moda, etc. Por supuesto, también ha sido objeto de críticas. Pero vamos por partes, como Jack el destripador. 
En la próxima entrega ofreceré una descripción más detallada de cada uno de las cuatro visiones de mundo. Y más adelante, tal vez, su uso en el análisis de riesgos ambientales, un tema en el que estoy involucrado a partir de un proyecto de Extensión de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. 
Mientras tanto, ¿conocían la Teoría cultural? ¿sabían que es usada por profesionales de otras disciplinas? ¿Conocían sus aplicaciones prácticas en las políticas públicas y la gestión empresarial? ¿Qué opinan?.
Hasta la próxima.

Edito... Me olvidaba la bibliografía.

Bibliografía básica


Douglas, M. (2007 [1966]). Pureza y peligro: un análisis de los conceptosde contaminación y tabú. Ediciones Nueva Visión.
Douglas, M. (1978 [1970]). Símbolos naturales: exploraciones encosmología. Alianza.
Douglas, M. (1998 [1996]). Estilos de pensar: ensayos críticos sobre elbuen gusto. Gedisa.
Douglas, M. (2003). Risk and Blame: Essays in Cultural Theory. Routledge.


sábado, 27 de abril de 2013

La propuesta de una sola página como herramienta en antropología aplicada

Muchos colegas investigadores que estudian problemáticas sociales quisieran contribuir a mejorar las políticas públicas vigentes sobre los asuntos que investigan. Estos colegas suelen lamentarse de que los funcionarios públicos no lean sus trabajos y se preguntan qué se podría hacer para que haya un mayor aprovechamiento por parte del Estado, de los resultados de las investigaciones sociales financiadas por el Estado, para el beneficio de la población que con su trabajo contribuye a financiar esos estudios así como la formación de los investigadores.
Afortunadamente en la Argentina se evidencia últimamente una decisión política de conectar más orgánicamente la producción de conocimiento con las necesidades sociales y el mundo productivo, mediante numerosas iniciativas de jerarquización de la extensión universitaria, el voluntariado universitario, la vinculación tecnológica y la investigación aplicada en áreas de desarrollo social, tecnológico y productivo. Sin embargo no existen canales como los que los mencionados colegas sueñan ni tampoco pueden existir.
Los funcionarios públicos son personas muy ocupadas sometidas a diversas presiones, permanentemente tratando de articular y mantener un delicado equilibrio entre intereses con frecuencia contrarios. Tiene una agenda que no son completamente libres de modificar en la que lo urgente deja siempre poco espacio para lo importante. Invariablemente forman parte de algún colectivo (partido o línea interna) que deposita en ellos expectativas adicionales a las que corresponde a su cargo de funcionario público. Necesitan poder responder a las preguntas de la prensa en forma medianamente satisfactoria y siempre necesitan la información y los argumentos “para ayer”.
Es imposible que se pongan a leer sistemáticamente todas las publicaciones de ciencias sociales que potencialmente podrían contener algún dato útil para el diseño de políticas públicas de su campo. En el mejor de los casos esa tarea podrían realizarla sus asesores. Pero tampoco sería eficiente que éstos revisaran todos los artículos. Eso nunca va a ocurrir y está bien que así sea.
La dinámica del campo político y la del empresarial son muy diferentes de la de la academia. Cuando un funcionario público o un empresario se encuentra con un problema que no puede resolver por sí solo o con la ayuda de sus colaboradores habituales (subordinados y asesores) lo que hace es consultar a un especialista en el tema en cuestión. En ese rol un experto es un consultor. Y como consultor no puede actuar como en la Academia. No se espera que ilustre a los funcionarios sobre los resultados de sus investigaciones, sino que proponga soluciones para los problemas que necesitan resolver los funcionarios. Es el experto el que debe transformar su conocimiento en recomendaciones de acciones concretas.
Al aceptar una consultoría se realiza un contrato en el que la organización demandante es el cliente y el experto es el consultor que vende sus servicios. Esto es trabajo aplicado y como todo trabajo tiene un costo porque genera un valor. No es un apostolado. Todo profesional que desea vivir de su trabajo cobra sus servicios. Algunos colegas se sienten incómodos hablando de dinero pero para ser filántropo hay que ser millonario. Si uno no lo es tiene que vivir de su trabajo y eso significa saber cuánto vale.
Si un investigador(a) quiere contribuir al diseño de una política pública relacionada con su campo de estudio y no lo están convocando desde ningún organismo, tiene que tomar la iniciativa de elaborar un proyecto y hacérselo llegar al funcionario que corresponda: al que esté en posición de implementar ese proyecto. Acá entran en juego muchas otras consideraciones que en esta ocasión no voy a abordar, pero en síntesis, este paso implica estar dispuesto a manejarse con las reglas de juego del campo político o de poder al mismo tiempo que con las del campo académico.
Y es acá donde posiblemente algunos académicos decidan que no tienen ganas de complicarse la vida con eso. Que no es para ellos, que no les gusta, etc. Y es legítimo. Pero lo otro no va a ocurrir. Nadie más va a elaborar un proyecto sobre la base de sus investigaciones.
Si aceptamos el desafío de elaborar una propuesta de acción concreta, un programa social, un evento cultural, o cualquier otro tipo de intervención debemos saber que no podemos escribir un documento de 200 páginas porque no lo van a leer por las mismas razones ya enumeradas al principio de este artículo: urgencias, falta de tiempo, agenda ajustada. Es preciso ser capaz de sintetizar al extremo en una sola página toda la información necesaria para que quien tiene la responsabilidad esté en condiciones de tomar la decisión sobre nuestra propuesta. Esa información incluye los objetivos del proyecto, las acciones propuestas, los argumentos y datos duros que las justifican, el costo económico de llevarlas a cabo, los beneficios que se obtendrán y qué se ha hecho hasta el momento. Todo en una sola página. Si es más probablemente no lo lean.

El proyecto de una sola página es un instrumento muy útil, eficaz y poderoso para avanzar iniciativas de todo tipo: proyectos comunitarios y de desarrollo social, negocios, programas estatales, eventos culturales, artísticos o deportivos. No es mágico ni resuelve todo ni garantiza el éxito. Pero es una herramienta indispensable. 
Por eso en esta ocasión les dejo una reseña que preparé del libro The one-page proposal: How to get your business pitch onto one persuasive page, de Patrick G. Riley (2002). Riley es responsable de Global Marketing and Brand Strategy, Director General de Geniisis Agents y propietario de The One-Page Company. El libro que reseño fue traducido al chino, coreano y japonés, pero no al castellano. Así es que espero que les sea útil y los invito a que dejen sus comentarios. ¿Alguna vez habías usado esta herramienta aún sin haber oído hablar de ella, por recomendación, por intuición o por sentido común? ¿Te ha dado resultado? ¿Qué sugiere tu expriencia sobre este asunto?.

martes, 26 de febrero de 2013

Pasale la pelota a los pibes

Hace un rato miré con interés el siguiente video de la UNESCO titulado "Aprender a Proteger la Biodiversidad". Empieza bastante bien explicando qué es y por qué es importante la biodiversidad. Incluso me pareció audaz para reconocer que "las pautas de consumo en los países ricos son la principal causa de la pérdida de biodiversidad". El problema surgió cuando el video llega a la parte de las soluciones:



La remanida estrategia de tratar de solucionar los problemas sociales "concientizando" a los niños en las escuelas, es tal vez la manera más elegante de aparentar que se está preocupado por el problema y buscando soluciones sin hacer efectivamente NADA para cambiar las cosas.
Los niños no son los que están deteriorando el planeta. En el mejor de los casos, estos niños estarán en condiciones de efectuar cambios importantes cuando sean mayores, dentro de 15 o 20 años. Mientras tanto el deterioro se profundiza. Los que sí producen el deterioro siguen operando.
Los responsables de la degradación del planeta son las grandes corporaciones (mineras, petroleras, químicas, etc.) que consumen cantidades industriales de materias primas, producen cantidades industriales de desechos tóxicos y contaminan napas, ríos, bosques, glaciares y los océanos.Una sola minera que extrae oro a cielo abierto consume por día tanta agua como una ciudad. Mientras le piden a los niños que cierren las canillas que gotean nadie detiene a las mineras en su derroche de agua.
Finalmente los gobiernos son responsables también porque podrían establecer regulaciones que protejan los BIENES COMUNES VITALES en vez de permitir su depredación irracional como mercancías sin propietario y la producción de "externalidades negativas" por las que las empresas ni pagan ni se hacen responsables.
Se pueden prohibir los envases descartables de plástico o vidrio, volver a los envases retornables. No se trata de que los consumidores reciclen los envases descartables. Se trata de que no se produzcan. El reciclado es un arma de doble filo puesto que una vez que se instala una industria del reciclado la basura se convierte en su materia prima y se vuelve necesaria. Luego la dinámica capitalista hace el resto: la empresa necesita crecer, aumentar su producción y para ello necesita que haya cada vez más basura (su materia prima). Luego se crea una rama de actividad que se vuelve enemigo de la disminución de la producción de basura. Empresarios y trabajadores y sus familias que dependen de la continua producción de basura para mantener su trabajo. En síntesis, el reciclado significa cada vez más basura.
Las multas tampoco son la solución porque es como vender el derecho a contaminar, y las grandes corporaciones pueden contabilizarlo como un costo más. No se trata de pagar por el derecho a estropear el planeta. Se trata de no estropearlo.
Se puede penalizar a los que contaminan quitándoles o suspendiéndoles las licencias durante algunos meses o años, u obligarles a que limpien el daño producido. Al no regular se está permitiendo que ocurra. Eso se podría cambiar HOY si lo desean.
El daño AL POR MAYOR no lo producen los ciudadanos comunes y menos los niños. Lo producen las grandes corporaciones con la connivencia de los gobiernos. Es hipócrita pasarles la pelota a las próximas generaciones.
Resulta asombroso que muchos profesionales bien intencionados incurran en el mismo error. He visto proyectos de extensión universitaria que diagnosticaban, por ejemplo, la progresiva extinción de anfibios en ecositemas rurales periurbanos como consecuencia del uso de agrotóxicos por parte de los productores, y luego como solución proponían dar charlas en las escuelas primarias y jardines de infantes de la zona para explicarles a los niños la importancia de los anfibios en el ecosistema.
Es sin lugar a dudas muy útil y loable explicar eso a los niños, pero es ingenuo creer que esas charlas pueden modificar la situación cuando los niños no son los que usan los agrotóxicos y, aún si fueran sus padres, existen poderosos motivos económicos, de productividad, de costos, de competencia, etc. que están operando para que los productores usen agrotóxicos, aún a sabiendas de que producen un daño ambiental.
Es un prejuicio racionalista suponer que los errores humanos se comenten siempre "por ignorancia" y, por ende, se evitan mediante la educación o la concientización. Y suponer que los errores de hoy se van a remediar concientizando a las generaciones de mañana resulta todavía menos sensato, aunque queda bien.

jueves, 14 de febrero de 2013

Originales formas de solicitar y obtener financiamento para la investigación. Pero... ¿es necesario?

El financiamiento de las investigaciones científicas puede ser motivo de risa, de escándalo, de lástima o de indignación, según se lo mire. Mientras los deportistas, modelos publicitarios, políticos y trabajadores de frívolísimos programas de TV ganan fortunas, quienes dedican sus vidas al estudio, la investigación y la enseñanza gana una miseria y hasta hacen de payasos para obtener financiamiento. Acá dos ejemplos:
 

  • un video de doctores de astronomía que buscan subsidio:

¿Tendremos que aprender a hacernos los muertitos y a dar la patita también?. ¿Vale la pena aguzar el ingenio como estos colegas para obtener financiamiento?. ¿Qué lugar ocupan la ciencia y el conocimiento en nuestra sociedad a juzgar por la manera en que se remunera a los investigadores?. ¿Qué les parece?