martes, 30 de julio de 2013

Sesgos culturales, relaciones sociales y culturas políticas. La “Teoría Cultural” de Mary Douglas (parte 2)

En el artículo anterior vimos una breve biografía intelectual de Mary Douglas como para situar los orígenes de la Teoría Cultural, y luego vimos sus ideas centrales y las dimensiones en las que se basa para discriminar diferentes “visiones de mundo” o “sesgos culturales” presentes en toda sociedad. En esta ocasión haremos una caracterización más detallada de cada una de esas visiones de mundo para, en una próxima oportunidad, ver su aplicación en el análisis de la percepción de riesgos ambientales, y de otros tipos.
Primeramente es preciso entender que según la Teoría Cultural cada una de las visiones de mundo, sesgos culturales o ideologías consisten en un conjunto de valores y creencias que sostienen determinadas pautas o patrones de relaciones sociales a los que se denomina relaciones sociales de tal modo que “no existen relaciones sin sesgos culturales que las justifiquen ni sesgos sin relaciones que las sostengan” (Wildavsky y Dake, 1990, 44). Las relaciones sociales se refieren usualmente a un ideal de sociedad deseada o concebida (libre, jerárquica, igualitaria, etc).
No cualquier visión de mundo es compatible con cualquier ideal de sociedad. Las combinaciones viables entre cierta visión de mundo y ciertas relaciones sociales conforman lo que esta teoría llama “modos de vida” o “culturas políticas”. A este principio se le conoce como la “condición de compatibilidad” (compatibility condition). En la mayoría de las versiones se mencionan cuatro estilos de vida: jerárquico, igualitario, individualista y fatalista, pero algunas versiones incluyen una quinta a la que denominan autonomista y ubican en el cruce de las dos dimensiones (grilla y grupo) indicando una suerte punto cero para ambas. Por ser poco frecuente su uso no la desarrollaremos aquí, pero si quieren profundizar en ella pueden consultar el artículo de Mamadouh (1999).
Otra idea central de la Teoría Cultural es que los estilos de vida rivalizan entre sí, por lo que no pueden existir aisladamente. Cada uno de ellos se basa en el rechazo de los otros. Ocasionalmente dos modos de vida pueden coaligarse en base a sus coincidencias en contra de un tercero. Pero sólo temporariamente y para ciertos fines. Esta proposición recibe el nombre de “condición de variedad necesaria” (requisite variety condition).
Esto no implica que cada modo de vida deba estar igualmente representado numéricamente en un grupo humano o que deba existir un equilibrio de poder o influencia entre todos ellos. Usualmente es uno el que predomina, pero ese rol dominante puede corresponder a diferentes estilos de vida en diferentes momentos. Esto le otorga a la sociedad una mayor estabilidad del mismo modo que la biodiversidad es beneficiosa para la Naturaleza:
CITA: “Una nación en la que están presentes diferentes modos de vida es menos vulnerable a las sorpresas y dispondrá de un repertorio más amplio a la hora de responder a situaciones novedosas y repentinas. Por supuesto, todavía podrá equivocarse, pero se equivocará menos que sociedades más homogéneas” (Offermans et al., 2010).
Una revisión bibliográfica permite caracterizar los cuatro principales modos de vida como sigue:


A. Individualismo

Entre los individualistas el control grupal es bajo a nulo y los lazos sociales son débiles. Las personas sienten poca obligación hacia los demás y presentan escasa lealtad e identificación grupal. La conducta individual es autorregulada en función de los valores personales y a partir de la competencia. Se tiene en alta estima la libertad y la autonomía individual. Las personas con un estilo de vida individualista buscan diferenciarse de los demás, evitan la homogeneización o la masificación y seguir al rebaño. Al mismo tiempo rechazan las prescripciones y restricciones impuestas por otros, las jerarquías y el control centralizado. El mercado es su mecanismo de regulación social predilecto y la negociación su forma de establecer reglas. Todo es negociable entre individuos responsables y autónomos.
Tienen orientación a la acción, el éxito, el mérito, el logro y la ambición personal. Valoran el esfuerzo propio (self made man), la iniciativa y la perseverancia. Se mueven por incentivos. No consideran un privilegio lo que se ha obtenido de ese modo, por ello no es infrecuente observar entre ellos un consumo ostentoso.
Una consecuencia de la autonomía es que cada individuo debe arreglarse solo para salir adelante con sus propios recursos. El individuo está antes que la sociedad. Ésta debe facilitar el desarrollo autónomo y la autorrealización de los individuos y no ahogar su individualidad intentando homogeneizarlos. Su estereotipo podría ser el Bik man, el héroe, el pionero, el fundador. Se la asocia a la democracia liberal.

B. Fatalismo, aislamiento

La visión del mundo fatalista corresponde a una situación de lazos sociales débiles, control grupal de la conducta débil y grilla fuerte, es decir, que se acompaña un sistema de categorías rígidas y bien delimitadas. Los individuos fatalistas se consideran consideran excluidos de los principales grupos que conforman la sociedad y sujetos a restricciones externas sobre las que no tienen control. Ven la vida como una cuestión de suerte. La historia es producto de conspiraciones acordadas entre los poderosos, en las que ellos no tienen ninguna participación ni posibilidades de modificar. Todo lo que cabe hacer es adaptarse, resignarse y soportar. Piensan que no tienen el control de su propia vida. El futuro es incierto, impredecible. La autoridad es despótica.
El mundo es una lucha de todos contra todos. No se puede contar con los demás. Las personas están libradas a su propia suerte, la que puede ser buena o mala, pero inmodificable. Por ende son apáticos, desconfiados, pesimistas y reacios a ayudar o solidarizarse con otros y a sumarse a cualquier tipo de causa o compromiso. Cuando tienen éxito consideran que es por su propio mérito.
Son introvertidos y retraídos por elección. Reniegan de las convenciones sociales (horarios, modas, ritos, etiqueta, etc.). Valoran la independencia y autosuficiencia que les da su marginación voluntaria. Se guían por sus propias normas idiosincráticas. Sus estrategias políticas son el sabotaje y la no colaboración. Su estereotipo sería el ermitaño antisocial. Se puede vincular parcialmente con el anarquismo, pero hay que recordar que esta visión de mundo no conduce a participar de ningún movimiento, partido o expresión colectiva y organizada, por lo cual no es lo mismo que el anarquismo político
 

C. Jerarquía conservadora autoritaria

Es el modo de vida de los grupos cerrados, selectos, las élites, estructurados jerárquicamente. Valoran un universo ordenado con “Un lugar para cada cosa (o persona) y cada cosa (o persona) en su lugar”, por lo que son propensos a las clasificaciones rígidas. Presentan un fuerte control grupal de la conducta individual mediante reglas estrictas, muchas veces en concordancia con roles adscritos marcados por el género y la edad. Corresponde a la ya mencionada “familia posicional” de Bernstein. Aprueban y justifican las desigualdades.
Se caracterizan por su formalidad, ritualismo, compartimentación y corporativismo. Presentan una racionalidad “burocrática”, gran respeto a las reglas, los procedimientos, la disciplina, la cadena de mandos, la autoridad, el orden “natural” y la estabilidad social. Los grupos de mayor jerarquía, los que saben, los que mandan, los poderosos y los acaudalados, merecen más respeto. Valoran los privilegios heredados, la alcurnia, el honor, el deber, la verdad única y la tradición. Los individuos deben contribuir a la sociedad de la que forman parte.
Tienen muy baja tolerancia a la desviación de las reglas a la que consideran anomalía, caos, anarquía, subversión o aberraciones y fuente de impureza, que deben ser corregidas.
La contracara del fuerte corporativismo y cohesión grupal es la hostilidad hacia los extraños, quienes pueden ser catalogados despectivamente como herejes, plebe, paganos, bárbaros, subversivos, etc. Suelen hacer uso de la fuerza dentro del grupo y frente a otros grupos.
El interés del grupo está antes que el del individuo. La coordinación social se logra mediante programación detallada y clasificación. Su estereotipo es la aristocracia, los gremios medievales, las fuerzas armadas, la burocracia y la organización taylorista del trabajo. Se la asocia al totalitarismo
 

D. Igualitarismo

El modo de vida igualitario presenta lazos sociales fuertes y control grupal fuerte pero con una grilla débil. Los grupos son compactos pero simples, poco estructurados y poco diferenciados internamente. Se valoran la solidaridad, la horizontalidad, el basismo, la espontaneidad, la simplicidad, la transparencia, la autenticidad y la integridad, el pacifismo y la no violencia. La sociedad debe proveer lo necesario para todos los individuos. El interés del grupo está antes que el del individuo. El tipo de autoridad preferida es carismática y rotativa y reside en el propio grupo antes que en individuos definidos. Existe una fuerte presión social para amoldarse a los valores y normas del grupo y un fuerte rechazo a la diferenciación de estatus, niveles socioeconómicos, y a la acumulación de riqueza o poder, por lo cual se promueven mecanismos de redistribución y nivelación y se rechaza la discriminación. Todos los miembros del grupo son básicamente iguales.
La conducta se regula en base a valores comunes y consensos grupales con un mínimo de prescripciones externas. Es una utopía practicable en colectivos reducidos antes que en naciones enteras. Si un miembro del grupo con conductas egoístas, discriminadoras o agresivas se resiste a corregir su comportamiento la sanción suele ser el aislamiento y en último término la expulsión. Su estereotipo es la comuna de iguales. Se la vincula al ideal socialista.

Más arriba decíamos que los modos de vida pueden coaligarse ocasionalmente contra un tercero. Notarán en base a la descripción anterior que los jerárquicos y los igualitaristas se encuentran ambos en el extremo derecho de la dimensión grupo, por lo que comparten la supremacía del grupo sobre el individuo, la importancia de los lazos sociales y la identificación con un grupo de pertenencia. Ambos pueden hacer causa común contra el individualismo y el fatalismo, en tanto modos de vida que valoran al individuo por sobre la sociedad. Al mismo tiempo dicha coincidencia es la que permite a los liberales políticos agrupar al socialismo y al fascismo bajo el rótulo de “totalitarismo”. Lo que opone a jerárquicos e igualitaristas es su posición frente a la autoridad, las jerarquías y las desigualdades sociales.
Asimismo, los individualistas comparten con los igualitaristas el extremo inferior de la dimensión grilla, que corresponde a una baja complejidad en el sistema de categorías o estamentos sociales. Ambos regulan la conducta individual a partir de valores antes que por medio de imposiciones externas establecidas en función del estatus de las personas. Por ende comparten su rechazo a las jerarquías, el corporativismo y el autoritarismo que tanto se valora en el modo de vida jerárquico, y pueden eventualmente coaligarse entre sí para oponerse a este último.
Los que nunca integrarán una coalición son los fatalistas, dado que en su opinión no tiene sentido luchar cuando ya está todo arreglado y es imposible modificar el status quo.
Según esta teoría las cuatro visiones de mundo recién descritas son incompatibles, irreconciliables, opuestas y hostiles entre sí. Cada una se define por contraste con las demás. Están en conflicto permanente unas con otras, compiten por miembros, prestigio y recursos y su conversación es “un diálogo de sordos” puesto que parten de valores diferentes.
Hasta aquí podría parecer un enfoque culturalista y meramente clasificatorio. Mary Douglas lo usó para dar sentido a diferentes actitudes y conductas religiosas y sanitarias de los grupos africanos entre los que realizó su trabajo etnográfico. Pero su teoría fue expandida y mejorada por los antropólogos Michael Thompson y Steve Rainer y los politólogos Aarón Wildavsky, Richard Elis y otros autores, quienes además la usaron para explicar discusiones sobre políticas públicas de nivel nacional e internacional. De estas derivaciones nos interesan especialmente las discusiones sobre el cambio climático, la caracterización de la Naturaleza y el análisis de la percepción de riesgos ambientales. Pero esto será tema de un próximo artículo.

Mientras tanto, es probable que al leer las descripciones se hayan sentido más identificados con una de las visiones de mundo que con las demás. O tal vez encontraron coincidencias parciales con más de una de ellas. Según la Teoría Cultural las dimensiones son un continuo, por lo que los individuos y los grupos pueden ocupar distintas posiciones a lo largo de cada una de ellas. ¿Les gustaría hacer un test gratuito que indica qué porcentaje de cada una de ella compone su propia visión de mundo?. Como todos los tests es limitado y relativo, pero si la experiencia les parece interesante de todos modos pueden visitar la página The Scientific Cultural Theory Test.

Además, quienes entienden inglés pueden mirar el video de una de las últimas entrevistas realizadas a Mary Douglas, en Febrero de 2006

Parte 1


Parte 2



Bibliografía:

Douglas, M. (2005). Grid and group. New developments. Presentado en Workshop on complexity and Cultural theory in honour of Michael Thompson, Londres: London School of Ecnomics.
Douglas, M. (2007a). A history of grid and group cultural theory (Vol. Lecture 1, p. 14). Presentado en A Course on Cultural Theory: The Group / Grid Model, Toronto: Semiotics Institute Online.
Douglas, M. (2007b). Seeing everything in black and white (Vol. Lecture 2). Presentado en A Course on Cultural Theory: The Group / Grid Model, Toronto: Semiotics Institute Online.
Mamadouh, V. (1999). Grid-group cultural theory: an introduction. En: GeoJournal, 47(3), 395-409.
Offermans, A. (2010). History of Cultural Theory; a summary of historicaldevelopments regarding Cultural Theory (No. U10058) (p. 30). Maastrich: Maastrich University.
Thompson, M., Grendstad, G., & Selle, P. (Eds.). (2013). Cultural Theory as Political Science. Routledge.
Wildavsky, A., & Dake, K. (1990). Theories of Risk Perception: Who Fears What and Why? Daedalus, 119(4), 41-60.

jueves, 25 de julio de 2013

La "Teoría cultural" de Mary Douglas

Ha pasado mucho tiempo desde mi último artículo, pero es que estuve muy ocupado preparando la defensa de mi tesis. O sea... ¡ehhh!. Me recibí!!!. Así es que ahora estoy de vuelta con muchos proyectos de los cuales este blog es una parte importante.

Pasando de una vez al tema de este artículo, con frecuencia en ámbitos no académicos y no antropológicos se valoran antropólogos o teorías antropológicas poco conocidas o poco valoradas por los mismos antropólogos. Probablemente en otra ocasión me refiera a Hofstede, o a Dunbar, pero hoy quiero contarles sobre Mary Douglas y su “Teoría cultural”. 

Mary Douglas en África en su juventud
Mary Douglas poco antes de su muerte
Margaret Mary Tew nació en San Remo, Italia, el 25 de marzo de 1921 y falleció en Londres, el 16 de mayo de 2007, a los 86 años. Pero se la conoce por su nombre de casada: Mary Douglas. Su padre era funcionario del Servicio Colonial Británico y su madre era irlandesa y, por consecuencia, católica. Mary y su hermana Patricia fueron educadas en el colegio del Sagrado Corazón de Roehampton. Ya mayor, durante la Segunda Guerra Europea Interimperialista (mal conocida como Segunda Guerra Mundial) Mary estudió filosofía y ciencias políticas y económicas en Oxford y trabajó en la Colonial Office. En Oxford fue discípula de sir Edward Evan Evans-Pritchard. 

Tras recibirse en 1949 partió para el Congo Belga a realizar su trabajo de campo entre los lele, en el territorio que anteriormente perteneció al Reino de Kuba, entre los ríos Kasai y Loange. De esa estadía son fruto sus libros Peoples of the Lake Nyasa Region, que publicó como Mary Tew en 1950, luego del cual obtuvo su doctorado en 1951, y Los lele de Kasai, publicado originalmente en 1963. 
Vivió 11 años en los EEUU y en 1988 volvió a Londres. En 1992 llegó a ser Commander of the Order of the British Empire (CBE), y en 2006 fue nombrada Dama del Imperio Británico por la Reina de Inglaterra y fue condecorada con la Gran Cruz de la Orden del Imperio Británico que pueden ver abajo de estas líneas.

Gran Cruz de la Orden del Imperio Británico
M. Douglas Dama del Imperio Británico




















El punto que deseo destacar es que la obra de Mary  Douglas es valorada fuera de la disciplina porque permite comprender y explicar los posicionamientos ideológicos de las personas en una gran variedad de temas sensibles, como el cambio climático, los organismos genéticamente modificados (OGM), la industria farmacéutica, la macrobiótica, la comida vegetariana, la contaminación ambiental, las armas nucleares, la capa de ozono, la inseguridad, el desarrollo sostenible, o las multinacionales, pero la mayoría de los antropólogos no lo sabe o bien no comparte el mismo entusiasmo.
Algo que tienen en común todos los temas a los que se aplica la obra de Mary Douglas es que se refieren a las nociones (y por ende a las actitudes derivadas de ella) de riesgo, peligro y pureza. ¿Se ve?. De ahí derivan sus conexiones con la contaminación, la salud, los alimentos, los medicamentos y los estilos de vida. Pero lo interesante es que todo ello suele ir de la mano con actitudes hacia la libertad, la autoridad y las jerarquías, lo que alude a formas de organización social.
Esta línea de trabajo quedó inaugurada con la publicación de su libro Pureza y peligro: un análisis de los conceptos de contaminación y tabú (1966), el cual fue seguido de Los símbolos naturales, (1970), Cómo piensan las instituciones (1986) y Estilos de pensar: ensayos críticos sobre el buen gusto (1996). Por supuesto también exploró otros temas, como la economía, pero esta nota no pretende abarcar toda la obra de Mary Douglas, sino que se refiere sólo a la llamada “teoría cultural” o teoría de “grilla-grupo”.Esta es un realidad un producto colectivo en el que la antropóloga no estuvo sola. Según cuenta ella misma:
“Junto a Aaron Wildavsky escribí Riesgo y Cultura (1982), que desarrolla una teoría de la percepción del riesgo derivada directamente de Pureza y peligro. Fue un intento de aplicar a los entonces vigentes debates sobre la percepción del riesgo lo que los antropólogos entienden acerca de la percepción del peligro. En los setentas las teorías psicológicas en boga se concentraban en la psique del individuo, mientras que los antropólogos se interesan principalmente en las presiones sociales para adaptarse. Tratan de pensar sistemáticamente acerca de cómo es influenciado un individuo por la cultura que lo rodea. El subtítulo “Un ensayo sobre la selección de peligros tecnológicos y ambientales” indica el foco en la selección. Algunas de las cosas que tememos no son motivo de miedo para otras personas; hay algunos principios que seleccionan las cosas que estamos preparados para evitar. Los Lele temían a la brujería de sus vecinos, en base a evidencia muy endeble, y tenían miedo de ser fulminados por un rayo, un evento muy raro, pero enfrentaban otros peligros frecuentes con calma. Aproximadamente, ellos y nosotros nos interesamos más en los peligros de los que plausiblemente se puede culpar a alguien. Es parte de una teoría general de la politización de la naturaleza. Continué este libro con una reseña bibliográfica sobre la percepción del riesgo, La aceptabilidad del riesgo según las ciencias sociales (1985) y posteriormente con la compilación de ensayos Riesgo y culpa (1992)”. (http://www.semioticon.com/people/Douglas.html mi traducción)
La idea original le fue sugerida a Douglas por los trabajos sobre la comunicación familiar de Basil Bernstein (Class, codes and control, 1977). Este sociólogo y lingüista británico postulaba que las familias que otorgan gran importancia a las jerarquías sociales educan a sus hijos haciendo permanentes referencias a su estatus subordinado de niño e hijo y a las conductas esperadas y restricciones correspondientes a esa posición (“Porque sos chico”, “porque sos el hermano mayor”, “porque sos varón”, “porque soy tu padre”, etc.). Mientras que otras familias para educar a sus hijos los inducen a reflexionar sobre las consecuencias directas de sus acciones y tomar en cuenta los sentimientos de los demás, considerando cómo se sentirían ellos si estuvieran en su lugar (“¿a vos te gustaría que se burlen de de vos porque sos gordo?”, “si vos fueras el perro ¿te gustaría que te tengan atado?”, etc.). 
 
Al primer tipo de familia Bernetein las denominaba “posicionales” y al segundo “personales”. La comunicación en las primeras se caracterizaba por un “habla (código) socialmente restringida” mientras que en las segundas se observaba un “habla (código) elaborada”.
Bernstein graficó estas dos dimensiones (grado de elaboración del habla y sistema de control familiar) en un sistema de ejes cartesianos, obteniendo cuatro cuadrantes. También se podría representar como una tabla de doble entrada con dos variables dicotómicas, que produce cuatro tipos de familias (ver Los símbolos naturales pag. 49).
Este esquema de análisis bidimensional fue lo que tomó inicialmente Mary Douglas, reteniendo la de la jerarquía como eje vertical con el nombre de “grilla” y llamando al eje horizontal “grupo”. Esta idea básica, según relató ella misma en una de sus últimas conferencias (sino la última), “fue radicalmente rediseñada por colaboradores creativos” como Aaron Wildsvsky, Michael Thompson, Richard J. Ellis y otros (Douglas, 2007). 

La Teoría cultural. Dimensiones


En su versión más difundida las ideas centrales de la teoría cultural son las siguientes.
Las estructuras de la organización social invisten a los individuos con percepciones que refuerzan esas estructuras en competencia con sus alternativas. Es posible encontrar en toda cultura cuatro (posteriormente otros autores agregarían una quinta) “visiones de mundo” o “sesgos culturales” en competencia que apoyan cada una de ellas diferentes modelos de organización social ideal y sirven como una guía para la formulación de grandes orientaciones valorativas o “modos de vida” sobre las cuales se fundamentan posiciones sobre distintas políticas. Estas cuatro visiones de mundo habitualmente denominadas: jerárquica, individualista, igualitarista y fatalista, surgen de la combinación de las dos dimensiones mencionadas anteriormente según se muestra en la siguiente figura.


La dimensión “grupo” se refiere al grado en el que los individuos se consideran parte de, se identifican con y son definidos por su pertenencia a unidades o colectivos sociales delimitados. Esta dimensión se refiere al grado de en que las personas que integran un grupo se sienten unidas a otras y se identifican con el grupo. En el extremo izquierdo (grupo débil) hay individuos separados y sin un sentimiento de pertenencia a una unidad común, por más que se asemejen entre sí en algunos aspectos. Cada uno de ellos es autónomo y autosuficiente, dependiendo básicamente de si mismo y sus propios recursos para salir adelante. La solidaridad es baja y si es que existen lazos entre ellos son débiles y laxos. En el extremo derecho (grupo fuerte) se ubican las personas con un fuerte sentimiento de pertenencia e identificación con un colectivo dentro del cual las relaciones sociales con más profundas y los lazos de unión más fuertes, personales y estables, como en la “comunidad” de Ferdinand Tönnies. Las elecciones y preferencias de los individuos se encuentran fuertemente influenciadas por el grupo.

La dimensión “grilla” se refiere al grado en que la interacción de los individuos está pautada por prescripciones sociales, como reglas, normas, leyes y tradiciones. En el extremo inferior (grilla débil) los individuos se enfrentan con poca o ninguna imposición de límites externos, al igual que con poca orientación o guía. Los individuos negocian permanentemente el carácter y los términos de sus relaciones e intercambios mutuos, lo cual implica mayor libertad pero también mayor incertidumbre y costos de transacción. Todo está por negociarse. En el extremo superior (grupo fuerte) se impone a los individuos un denso conjunto de normas sociales que restringen su libertad, limitan sus opciones y orientan su elecciones, pero también limitan su incertidumbre. Todo está ya prescrito de antemano. Cuanto más fuerte la grilla más importante resulta determinar la posición de un individuo en el sistema jerárquico, su pertenencia a una determinada clase de individuos, para saber cuáles son las normas de conducta por las que le corresponde guiarse. Asimismo cuanto más fuerte la grilla más marcado es el límite entre pureza a impureza (pecado, suciedad, transgresión, peligro, riesgo), mayor rigor se espera en el cumplimiento de las normas, y menor es la tolerancia a la transgresión.
Ambas dimensiones representan principios de regulación de la sociabilidad. Las dimensiones representan un continuo a lo largo del cual es posible encontrar diferentes posiciones. No son distinciones dicotómicas.

Como señalé anteriormente, este esquema de análisis permite dar cuenta de la toma de posición sobre numerosos temas: el cambio climático, la contaminación ambiental, la responsabilidad de las empresas multinacionales, el aborto, el tipo de alimentación preferida, los organismos genéticamente modificados, el uso de los recursos naturales, los métodos adecuados de educación de los niños, el desarrollo tecnológico, los medicamentos, las formas de consumo, los estulos de administración de empresas y otras instituciones, la moda, etc. Por supuesto, también ha sido objeto de críticas. Pero vamos por partes, como Jack el destripador. 
En la próxima entrega ofreceré una descripción más detallada de cada uno de las cuatro visiones de mundo. Y más adelante, tal vez, su uso en el análisis de riesgos ambientales, un tema en el que estoy involucrado a partir de un proyecto de Extensión de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. 
Mientras tanto, ¿conocían la Teoría cultural? ¿sabían que es usada por profesionales de otras disciplinas? ¿Conocían sus aplicaciones prácticas en las políticas públicas y la gestión empresarial? ¿Qué opinan?.
Hasta la próxima.

Edito... Me olvidaba la bibliografía.

Bibliografía básica


Douglas, M. (2007 [1966]). Pureza y peligro: un análisis de los conceptosde contaminación y tabú. Ediciones Nueva Visión.
Douglas, M. (1978 [1970]). Símbolos naturales: exploraciones encosmología. Alianza.
Douglas, M. (1998 [1996]). Estilos de pensar: ensayos críticos sobre elbuen gusto. Gedisa.
Douglas, M. (2003). Risk and Blame: Essays in Cultural Theory. Routledge.