martes, 30 de julio de 2013

Sesgos culturales, relaciones sociales y culturas políticas. La “Teoría Cultural” de Mary Douglas (parte 2)

En el artículo anterior vimos una breve biografía intelectual de Mary Douglas como para situar los orígenes de la Teoría Cultural, y luego vimos sus ideas centrales y las dimensiones en las que se basa para discriminar diferentes “visiones de mundo” o “sesgos culturales” presentes en toda sociedad. En esta ocasión haremos una caracterización más detallada de cada una de esas visiones de mundo para, en una próxima oportunidad, ver su aplicación en el análisis de la percepción de riesgos ambientales, y de otros tipos.
Primeramente es preciso entender que según la Teoría Cultural cada una de las visiones de mundo, sesgos culturales o ideologías consisten en un conjunto de valores y creencias que sostienen determinadas pautas o patrones de relaciones sociales a los que se denomina relaciones sociales de tal modo que “no existen relaciones sin sesgos culturales que las justifiquen ni sesgos sin relaciones que las sostengan” (Wildavsky y Dake, 1990, 44). Las relaciones sociales se refieren usualmente a un ideal de sociedad deseada o concebida (libre, jerárquica, igualitaria, etc).
No cualquier visión de mundo es compatible con cualquier ideal de sociedad. Las combinaciones viables entre cierta visión de mundo y ciertas relaciones sociales conforman lo que esta teoría llama “modos de vida” o “culturas políticas”. A este principio se le conoce como la “condición de compatibilidad” (compatibility condition). En la mayoría de las versiones se mencionan cuatro estilos de vida: jerárquico, igualitario, individualista y fatalista, pero algunas versiones incluyen una quinta a la que denominan autonomista y ubican en el cruce de las dos dimensiones (grilla y grupo) indicando una suerte punto cero para ambas. Por ser poco frecuente su uso no la desarrollaremos aquí, pero si quieren profundizar en ella pueden consultar el artículo de Mamadouh (1999).
Otra idea central de la Teoría Cultural es que los estilos de vida rivalizan entre sí, por lo que no pueden existir aisladamente. Cada uno de ellos se basa en el rechazo de los otros. Ocasionalmente dos modos de vida pueden coaligarse en base a sus coincidencias en contra de un tercero. Pero sólo temporariamente y para ciertos fines. Esta proposición recibe el nombre de “condición de variedad necesaria” (requisite variety condition).
Esto no implica que cada modo de vida deba estar igualmente representado numéricamente en un grupo humano o que deba existir un equilibrio de poder o influencia entre todos ellos. Usualmente es uno el que predomina, pero ese rol dominante puede corresponder a diferentes estilos de vida en diferentes momentos. Esto le otorga a la sociedad una mayor estabilidad del mismo modo que la biodiversidad es beneficiosa para la Naturaleza:
CITA: “Una nación en la que están presentes diferentes modos de vida es menos vulnerable a las sorpresas y dispondrá de un repertorio más amplio a la hora de responder a situaciones novedosas y repentinas. Por supuesto, todavía podrá equivocarse, pero se equivocará menos que sociedades más homogéneas” (Offermans et al., 2010).
Una revisión bibliográfica permite caracterizar los cuatro principales modos de vida como sigue:


A. Individualismo

Entre los individualistas el control grupal es bajo a nulo y los lazos sociales son débiles. Las personas sienten poca obligación hacia los demás y presentan escasa lealtad e identificación grupal. La conducta individual es autorregulada en función de los valores personales y a partir de la competencia. Se tiene en alta estima la libertad y la autonomía individual. Las personas con un estilo de vida individualista buscan diferenciarse de los demás, evitan la homogeneización o la masificación y seguir al rebaño. Al mismo tiempo rechazan las prescripciones y restricciones impuestas por otros, las jerarquías y el control centralizado. El mercado es su mecanismo de regulación social predilecto y la negociación su forma de establecer reglas. Todo es negociable entre individuos responsables y autónomos.
Tienen orientación a la acción, el éxito, el mérito, el logro y la ambición personal. Valoran el esfuerzo propio (self made man), la iniciativa y la perseverancia. Se mueven por incentivos. No consideran un privilegio lo que se ha obtenido de ese modo, por ello no es infrecuente observar entre ellos un consumo ostentoso.
Una consecuencia de la autonomía es que cada individuo debe arreglarse solo para salir adelante con sus propios recursos. El individuo está antes que la sociedad. Ésta debe facilitar el desarrollo autónomo y la autorrealización de los individuos y no ahogar su individualidad intentando homogeneizarlos. Su estereotipo podría ser el Bik man, el héroe, el pionero, el fundador. Se la asocia a la democracia liberal.

B. Fatalismo, aislamiento

La visión del mundo fatalista corresponde a una situación de lazos sociales débiles, control grupal de la conducta débil y grilla fuerte, es decir, que se acompaña un sistema de categorías rígidas y bien delimitadas. Los individuos fatalistas se consideran consideran excluidos de los principales grupos que conforman la sociedad y sujetos a restricciones externas sobre las que no tienen control. Ven la vida como una cuestión de suerte. La historia es producto de conspiraciones acordadas entre los poderosos, en las que ellos no tienen ninguna participación ni posibilidades de modificar. Todo lo que cabe hacer es adaptarse, resignarse y soportar. Piensan que no tienen el control de su propia vida. El futuro es incierto, impredecible. La autoridad es despótica.
El mundo es una lucha de todos contra todos. No se puede contar con los demás. Las personas están libradas a su propia suerte, la que puede ser buena o mala, pero inmodificable. Por ende son apáticos, desconfiados, pesimistas y reacios a ayudar o solidarizarse con otros y a sumarse a cualquier tipo de causa o compromiso. Cuando tienen éxito consideran que es por su propio mérito.
Son introvertidos y retraídos por elección. Reniegan de las convenciones sociales (horarios, modas, ritos, etiqueta, etc.). Valoran la independencia y autosuficiencia que les da su marginación voluntaria. Se guían por sus propias normas idiosincráticas. Sus estrategias políticas son el sabotaje y la no colaboración. Su estereotipo sería el ermitaño antisocial. Se puede vincular parcialmente con el anarquismo, pero hay que recordar que esta visión de mundo no conduce a participar de ningún movimiento, partido o expresión colectiva y organizada, por lo cual no es lo mismo que el anarquismo político
 

C. Jerarquía conservadora autoritaria

Es el modo de vida de los grupos cerrados, selectos, las élites, estructurados jerárquicamente. Valoran un universo ordenado con “Un lugar para cada cosa (o persona) y cada cosa (o persona) en su lugar”, por lo que son propensos a las clasificaciones rígidas. Presentan un fuerte control grupal de la conducta individual mediante reglas estrictas, muchas veces en concordancia con roles adscritos marcados por el género y la edad. Corresponde a la ya mencionada “familia posicional” de Bernstein. Aprueban y justifican las desigualdades.
Se caracterizan por su formalidad, ritualismo, compartimentación y corporativismo. Presentan una racionalidad “burocrática”, gran respeto a las reglas, los procedimientos, la disciplina, la cadena de mandos, la autoridad, el orden “natural” y la estabilidad social. Los grupos de mayor jerarquía, los que saben, los que mandan, los poderosos y los acaudalados, merecen más respeto. Valoran los privilegios heredados, la alcurnia, el honor, el deber, la verdad única y la tradición. Los individuos deben contribuir a la sociedad de la que forman parte.
Tienen muy baja tolerancia a la desviación de las reglas a la que consideran anomalía, caos, anarquía, subversión o aberraciones y fuente de impureza, que deben ser corregidas.
La contracara del fuerte corporativismo y cohesión grupal es la hostilidad hacia los extraños, quienes pueden ser catalogados despectivamente como herejes, plebe, paganos, bárbaros, subversivos, etc. Suelen hacer uso de la fuerza dentro del grupo y frente a otros grupos.
El interés del grupo está antes que el del individuo. La coordinación social se logra mediante programación detallada y clasificación. Su estereotipo es la aristocracia, los gremios medievales, las fuerzas armadas, la burocracia y la organización taylorista del trabajo. Se la asocia al totalitarismo
 

D. Igualitarismo

El modo de vida igualitario presenta lazos sociales fuertes y control grupal fuerte pero con una grilla débil. Los grupos son compactos pero simples, poco estructurados y poco diferenciados internamente. Se valoran la solidaridad, la horizontalidad, el basismo, la espontaneidad, la simplicidad, la transparencia, la autenticidad y la integridad, el pacifismo y la no violencia. La sociedad debe proveer lo necesario para todos los individuos. El interés del grupo está antes que el del individuo. El tipo de autoridad preferida es carismática y rotativa y reside en el propio grupo antes que en individuos definidos. Existe una fuerte presión social para amoldarse a los valores y normas del grupo y un fuerte rechazo a la diferenciación de estatus, niveles socioeconómicos, y a la acumulación de riqueza o poder, por lo cual se promueven mecanismos de redistribución y nivelación y se rechaza la discriminación. Todos los miembros del grupo son básicamente iguales.
La conducta se regula en base a valores comunes y consensos grupales con un mínimo de prescripciones externas. Es una utopía practicable en colectivos reducidos antes que en naciones enteras. Si un miembro del grupo con conductas egoístas, discriminadoras o agresivas se resiste a corregir su comportamiento la sanción suele ser el aislamiento y en último término la expulsión. Su estereotipo es la comuna de iguales. Se la vincula al ideal socialista.

Más arriba decíamos que los modos de vida pueden coaligarse ocasionalmente contra un tercero. Notarán en base a la descripción anterior que los jerárquicos y los igualitaristas se encuentran ambos en el extremo derecho de la dimensión grupo, por lo que comparten la supremacía del grupo sobre el individuo, la importancia de los lazos sociales y la identificación con un grupo de pertenencia. Ambos pueden hacer causa común contra el individualismo y el fatalismo, en tanto modos de vida que valoran al individuo por sobre la sociedad. Al mismo tiempo dicha coincidencia es la que permite a los liberales políticos agrupar al socialismo y al fascismo bajo el rótulo de “totalitarismo”. Lo que opone a jerárquicos e igualitaristas es su posición frente a la autoridad, las jerarquías y las desigualdades sociales.
Asimismo, los individualistas comparten con los igualitaristas el extremo inferior de la dimensión grilla, que corresponde a una baja complejidad en el sistema de categorías o estamentos sociales. Ambos regulan la conducta individual a partir de valores antes que por medio de imposiciones externas establecidas en función del estatus de las personas. Por ende comparten su rechazo a las jerarquías, el corporativismo y el autoritarismo que tanto se valora en el modo de vida jerárquico, y pueden eventualmente coaligarse entre sí para oponerse a este último.
Los que nunca integrarán una coalición son los fatalistas, dado que en su opinión no tiene sentido luchar cuando ya está todo arreglado y es imposible modificar el status quo.
Según esta teoría las cuatro visiones de mundo recién descritas son incompatibles, irreconciliables, opuestas y hostiles entre sí. Cada una se define por contraste con las demás. Están en conflicto permanente unas con otras, compiten por miembros, prestigio y recursos y su conversación es “un diálogo de sordos” puesto que parten de valores diferentes.
Hasta aquí podría parecer un enfoque culturalista y meramente clasificatorio. Mary Douglas lo usó para dar sentido a diferentes actitudes y conductas religiosas y sanitarias de los grupos africanos entre los que realizó su trabajo etnográfico. Pero su teoría fue expandida y mejorada por los antropólogos Michael Thompson y Steve Rainer y los politólogos Aarón Wildavsky, Richard Elis y otros autores, quienes además la usaron para explicar discusiones sobre políticas públicas de nivel nacional e internacional. De estas derivaciones nos interesan especialmente las discusiones sobre el cambio climático, la caracterización de la Naturaleza y el análisis de la percepción de riesgos ambientales. Pero esto será tema de un próximo artículo.

Mientras tanto, es probable que al leer las descripciones se hayan sentido más identificados con una de las visiones de mundo que con las demás. O tal vez encontraron coincidencias parciales con más de una de ellas. Según la Teoría Cultural las dimensiones son un continuo, por lo que los individuos y los grupos pueden ocupar distintas posiciones a lo largo de cada una de ellas. ¿Les gustaría hacer un test gratuito que indica qué porcentaje de cada una de ella compone su propia visión de mundo?. Como todos los tests es limitado y relativo, pero si la experiencia les parece interesante de todos modos pueden visitar la página The Scientific Cultural Theory Test.

Además, quienes entienden inglés pueden mirar el video de una de las últimas entrevistas realizadas a Mary Douglas, en Febrero de 2006

Parte 1


Parte 2



Bibliografía:

Douglas, M. (2005). Grid and group. New developments. Presentado en Workshop on complexity and Cultural theory in honour of Michael Thompson, Londres: London School of Ecnomics.
Douglas, M. (2007a). A history of grid and group cultural theory (Vol. Lecture 1, p. 14). Presentado en A Course on Cultural Theory: The Group / Grid Model, Toronto: Semiotics Institute Online.
Douglas, M. (2007b). Seeing everything in black and white (Vol. Lecture 2). Presentado en A Course on Cultural Theory: The Group / Grid Model, Toronto: Semiotics Institute Online.
Mamadouh, V. (1999). Grid-group cultural theory: an introduction. En: GeoJournal, 47(3), 395-409.
Offermans, A. (2010). History of Cultural Theory; a summary of historicaldevelopments regarding Cultural Theory (No. U10058) (p. 30). Maastrich: Maastrich University.
Thompson, M., Grendstad, G., & Selle, P. (Eds.). (2013). Cultural Theory as Political Science. Routledge.
Wildavsky, A., & Dake, K. (1990). Theories of Risk Perception: Who Fears What and Why? Daedalus, 119(4), 41-60.