sábado, 7 de febrero de 2015

Del hacking a la producción P2P pasando por la economía social y el desarrollo

Quienes hayan escuchado esa maravillosa pieza de oratoria que es el discurso de Steve Jobs en la Universidad de Standford el 12 de julio de 2005 recordarán aquello de “unir los puntos”. Quienes no lo conozcan no dejen de escucharlo o leerlo (o ambas cosas) porque no tiene desperdicio.

Brevemente, su mensaje fue "sigue siempre tus sueños, tu instinto, lo que te gusta, aunque te parezca que tus intereses son diversos, porque un día, retrospectivamente, vas a poder conectarlos a todos en una síntesis de lo que es tu vocación, la actividad que le da sentido a tu vida."



Honestamente creo que ello es así y quiero contarles brevemente cómo estoy conectando hoy varios intereses míos aparentemente diversos. No voy a hacer mi biografía sino que me centraré en los temas que encuentro conectados.

Hacia fines del siglo pasado (¡qué viejo!) estaba haciendo mi primer intento de comenzar un doctorado, en la Facultad de la que egresé, la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. El único título disponible era el de Doctor en Ciencias Naturales, lo que para un antropólogo social no resulta particularmente atractivo.

Mis intereses pasaban por el análisis cualitativo asistido por computadora y por los derechos civiles de los Internautas. Por entonces yo pertenecía a una asociación que bregaba por estos derechos llamada GUIA (Grupo de Usuarios de Internet en Argentina), que presidía el sociólogo Gustavo De Lara.

Desde GUIA defendíamos la tarifa plana telefónica (aún no existía el ADSL ni el Wifi), la privacidad online y por ende el anonimato, así como el libre acceso al y circulación del conocimiento, y cuestionábamos los intentos de control de los contenidos y de cobro de los mismos, al que se llamaba “peaje en las autopistas de la información”. Por entonces existían proyectos de que los proveedores cobraran por cada email que los usuarios enviaban.

Nos sentíamos parte de una comunidad global, por ej. cuando veíamos las manifestaciones en EEUU de los defensores de la privacidad, protestando contra el intento de Intel de identificar a los usuarios colocando un chip en sus motherboards que llevaba un número de identificación de fábrica, que podría ser leído por los sitios web, de modo tal que podían relacionarse los diversos nicks que un usuario tuviera en diferentes sitios web, y vincularlo a su localización geográfica a partir de su dirección IP. Para nuestra alegría Intel terminó retirando del mercado el modelo de motherboard con ese chip y ofreció a quienes ya lo habían adquirido cambirar el motherboard o desactivar el chip.

Organizábamos “apagones” de conexión como forma de protesta para solicitar la tarifa plana a las telefónicas. Bregábamos por el uso responsable del correo electrónico, protestábamos contra el spam. Existían asociaciones internacionales espacializadas en cada una de estas causas (algunas aún existen, como Cauce  o GILC) y estábamos suscriptos a sus boletines. Seguíamos con atención el juicio a Napster, creador de la tecnología P2P (peer-to-peer) para compartir archivos, cuyo cierre lamentamos y motivó que comenzáramos a usar en su lugar el Emule.

Editábamos un boletín que enviábamos por email a nuestros asociados con noticias sobre estos temas e información sobre extensión del uso de Internet en Argentina, nuevas tecnologías, seguridad informática (virus, usurpación de identidad, compras online, encriptación, avances de otros países en la protección de los derechos de los internautas, la red Echelon, uso de firewalls, proxies y remailers, etc.). También seguíamos e informábamos sobre los procesos judiciales que se llevaban adelante contra algunos hackers, como Kevin Mitnick y pedíamos su liberación.

Mi intención era hacer mi tesis sobre este tipo de cuestiones. Pero los comentarios que circulaban en la Facultad era que los evaluadores de los proyectos de tesis eran muy conservadores y clásicos, y que acostumbraban rechazar proyectos que a su juicio eran poco “antropológicos”. Como un estudio sobre Internet parecía prestarse a ser visto de esa manera, pensé que si la forma de mi proyecto era bien clásica (un estudio etnográfico de un grupo indígena) sería aceptable. Así fue que busqué un grupo social que pudiera funcionar como “indígena” de Internet para hacer un estudio sobre estos temas. Y opté por los hackers. Mi primer proyecto de tesis se tituló “Una etnografía del hackerdom”.

Contextualizaba la actividad de los hackers en los cambios que se estaban dando a nivel global con el surgimiento de una “nueva economía” digital y del conocimiento. El sector informático ya se perfilaba como el más dinámico y estaba penetrando todas las actividades económicas. Varios autores consideraban que la sociedad industrial estaba finalizando para dar paso a un nuevo tipo de sociedad que denominaban "posindustrial", "posmoderna" (B. Sarlo), o incluso "poscapitalista" (P. Drucker). También "sociedad de la información", o "sociedad digital" (N. Negroponte). Afirmaban que esta surgía como producto de un fenómeno denominado "tercera revolución industrial", "tercera ola" (Alvin Tofler), "revolución científica y técnica", o "revolución digital" (Tapscott), y que había inaugurado una nueva era llamada caracterizada como "la era de la información" (M. Castells), en la cual el conocimiento es el capital principal y en la que los bits son más importantes que los átomos.

En el marco teórico apelaba a la explicación marxista sobre la forma en que se producen las transformaciones de los modos de producción. A saber: el continuo crecimiento de las fuerzas productivas (que incluye la población, los medios de producción, la ciencia y la tecnología, entre otras cosas) alcanza en un determinado momento un nivel tal que entra en conflicto con las relaciones sociales de producción vigentes. Al punto que éstas se convierten en un obstáculo para el crecimiento de aquellas. Y la expresión jurídica de las relaciones de producción son las relaciones de propiedad, por lo cual los nuevos desarrollos que entran en conflicto con las viejas relaciones de producción resultan ilegales ya que no respetan las formas de propiedad consagradas por la ley.

Precisamente esto era lo que ocurría con los hackers que cuya forma de trabajo colaborativa y distribuida, encontraba en el “secreto industrial”, la propiedad intelectual y el copyright, obstáculos para sus proyectos de desarrollo de software y nuevas tecnologías. Por esta razón fue este sector del que nació la licencia GNU, nueva forma de propiedad, que resulta compatible con las nuevas tecnologías y formas de producción. Esto explicaba por qué los hackers eran criminalizados por los medios, empresas y gobiernos, al mismo tiempo que eran codiciados como asesores y encargados de la seguridad informática.

Formulé entonces la hipótesis principal de mi proyecto de tesis de este modo:
Lejos de constituir una "contracultura", como se les suele considerar, o un grupo antisistema, el hacking es una expresión avanzada del propio sistema, que surge como respuesta a la contradicción entre unas relaciones de producción y de propiedad intelectual propias de una era industrial en vías de superación y unas nacientes fuerzas productivas basadas en el desarrollo de ”nuevas tecnologías” informáticas y telemáticas que requieren de otras relaciones de producción y propiedad distintas a fin de poder desarrollarse plenamente.
Me proponía entonces estudiar la forma de trabajo de los hackers como una ventana a lo que sería el trabajo en el futuro, de la misma manera que Marx fue a Inglaterra, el país capitalista más avanzado de su época, para estudiar la esencia de este sistema (salvando las distancias, obviamente).
Quienes tengan curiosidad por conocer el proyecto de tesis pueden descargarlo de Research Gate

Aquel proyecto fue aprobado y comencé a trabajar, llegando a producir y publicar algunos papers sobre el discurso de losmedios acerca de los hackers. Pero casi enseguida circunstancias de muy variada naturaleza me llevaron a dejar inconcluso ese proyecto: un divorcio en medio de la crisis económica de fines del 2001, y por consiguiente mi propia crisis económica y emocional, más limitaciones técnicas, y una sensación de disociación muy grande, ya que trabajaba en el Consejo Provincial de la Familia en cuestiones de pobreza y al llegar a mi casa leía y escribía sobre hackers . Así fue que decidí poner todos los huevos en la misma canasta y formular un nuevo proyecto de tesis sobre un tema vinculado a mi trabajo en el Estado Provincial.

Para entonces me había pasado a trabajar a un área que se ocupaba de la economía social y el desarrollo local, apoyando la creación de emprendimientos productivos por parte de trabajadores desocupados, como estrategia de generación de ingresos, ante la alta desocupación que registraba el mercado de trabajo. Un tema totalmente nuevo para mi. Mi nuevo proyecto de tesis doctoral fue sobre la noción de desarrollo en este tipo de programas. Esta vez sí completé la investigación y defendí la tesis. Así, mi nuevo interés pasó a ser el “desarrollo emprendedor” y la generación de modelos de negocio.

Tras defender mi tesis mi nuevo interés me llevó a conectarme con los programas de desarrollo emprendedor en la UNLP y colaborar con su Dirección de Vinculación Tecnológica. En mi actividad docente encontré un gran rechazo entre los estudiantes de la Facultad de Ciencias Naturales en general y los de antropología en particular, hacia todo lo que sea actividad empresarial y ganar dinero. El tema es asociado inmediatamente con engendros diabólicos como las multinacionales Exxon, Monsanto y Barrick-Gold, cuyo fin es acumular la mayor cantidad de riqueza posible aún a costa de destruir la vida en el planeta. Es como si TODA empresa o negocio fuera Monsanto en potencia. En este clima es muy difícil hablar de emprender.

Entonces la UNLP se incorporó a la red iberoamericana de universidades Emprendia, que en ese momento se proponía sumar a sus actividades la promoción de emprendimientos sociales, y desde la DVT me propusieron aportar a este tema. Al comenzar a investigar me encontré con el consumo colaborativo y la economía del bien común, que tienen muchos puntos de contacto con la economía social, pero le agregan las nuevas tecnologías y la búsqueda de nuevas formas de propiedad. Me encontré con las empresas B y el sector 2.5, que buscan nuevos modelos de negocio en los que los fines sociales sean prioritarios, pero que también buscan en forma subordinada, generar ingresos que permitan hacer de esa actividad su medio de vida.

Ahí fue donde noté que comenzaban a conectarse las nuevas tecnologías, las formas de trabajo colaborativa de los hackers, y las nuevas formas de propiedad como las licencia GNU y Creative Commons, con la economía social, el desarrollo emprendedor, los modelos de negocio, los emprendimientos sociales, el “buen vivir”, el software libre y la cultura libre (por ej. el proyecto FLOK). Con el beneficio adicional de que esta combinación prometía resultar más potable para la población estudiantil de mi Facultad.

Hace poco me encontré con una presentación de Michael Bauwens, el presidente de la Fundación Peer-to-Peer (P2P), en el que describe cuatro escenarios probables de evolución de las nuevas formas de producción. Y no sólo descubrí que hablábamos el mismo idioma sino que la forma como él organiza esos cuatro escenarios se asemeja asombrosamente al análisis de Mary Douglas de las cuatro visiones de mundo o “sesgos culturales”, al que le dediqué varios post en este blog. Prometo describir esas semejanzas en detalle en un próximo artículo, pero si no pueden esperar pueden ir viendo la alocución de Bauwens aquí (si no aparecen los subtítulos en español pueden activarlos desde la barra en la parte inferior del video):


Las coincidencias eran tantas que apenas podía contener el entusiasmo en el pecho y entonces otro bloggero y compañero de trabajo del Ministerio con quien suelo hablar de estos temas mano a mano, me pasó el vínculo a un artículo de Bauwens de julio de 2012, en el que explica las actuales transformaciones en la economía y las formas de producción como el nacimiento de un nuevo “protomodo de producción”, apela a la misma tesis de Marx que yo usé en mi tesis sobre los hackers. Bauwen no se refiere explícitamente a los hackers, pero sí a las relaciones sociales de producción que caracterizan su trabajo, que es lo que yo destacaba en mi primer proyecto de tesis.

Así es como todo se conecta y mi próximo proyecto de investigación, que ya estoy escribiendo, es una conjunción de los dos proyectos de tesis anteriores bajo el tema del emprendedurismo social. De modo que todo el trabajo y el estudio que hice para el primero, a pesar de haber quedado inconcluso, no fue en vano y lo estoy recuperando junto con las conclusiones del segundo. Espero tener a mediano plazo avances interesantes para compartir al respecto. Si conocen experiencias o Uds. mismos son parte de esta apasionante movida que se perfila como el futuro no se priven de dejar sus comentarios o contactarse conmigo para conocer su trabajo.