martes, 31 de marzo de 2015

Usar el cerebro (para hacer campaña electoral)

Ayer asistí a la conferencia de Facundo Manes en el Pasaje Dardo Rocha, de La Plata, sobre “el valor del conocimiento”. Aún no he leído su libro, “Usar el cerebro” y supuse que la conferencia versaría sobre el mismo. Pero me equivoqué.

La amplia sala del Pasaje estaba atestada de gente. El intendente Pablo Bruera estaba de pie en la puerta de ingreso para saludar a los concurrentes a medida que iban llegando. Cuando llegó Manes, atravesó el salón por el pasillo entre medio del público, ovacionadao por el público yescoltado por el Intendente y por Sergio Marelli, director del Complejo Bibliotecario Municipal, quien segundos más tarde presentó al orador en términos más que elogiosos. También estuvieron presentes el concejal, Gabriel Bruera y el presidente del Concejo Deliberante, Pedro Borgini.

Pero primero se anunció que Manes había sido declarado ciudadano ilustre por el Honorable Consejo Deliberante, y se le hizo entrega ahí mismo del Decreto en medio de aplausos masivos y flashes de teléfonos celulares que le tomaban fotos.

Lo primero que hizo Manes fue un homenaje al Dr. Rene Favaloro, por su obra y como emergente de la sociedad platense, a que llamó “un faro del conocimiento”, por su tradición universitaria y por haber sido la cuna de varios científicos ilustres. (O sea, arrancó con un gesto demagógico para ganarse la simpatía de la audiencia local). Con esto recogió los primeros aplausos durante su disertación.

Su tono de voz elevado, a pesar del buen equipo de sonido con el que contó, recordaba al de un maestro de ceremonias. No fue un aburrido tono de conferencia o congreso científico, sino un tono entusiasta de orador de acto político.

 (Fotos tomadas de la página de FB del Pasaje Dardo Rocha)
Luego se refirió a la importancia del conocimiento y del cerebro como sede del mismo. Dijo que “hacemos todo con el cerebro”. Está implicado en el lenguaje y la resolución de complejos problemas filosóficos tanto como lo está en hacer posible la respiración, el movimiento y las emociones. También es la sede de la creatividad. Y dado que todos tenemos un cerebro todos somos creativos. No sólo los artistas, sino también una mujer del Conurbano que debe alimentar a sus cinco hijos con $100 diarios. (Segundo gesto demagógico, que cosechó aplausos).

Se preguntó ¿por qué convocar a una conferencia masiva abierta a todo público, como esta para hablar del cerebro? Y respondió: porque los estudios sobre el cerebro tendrán consecuencias importantes en los principales ámbitos: en educación, en economía, en política.

Luego dijo que “el cerebro es producto de millones de años”. Yo esperaba que agregara “... de evolución”. Pero no. Tal vez no sea políticamente correcto para la audiencia católica. Entonces describió una breve secuencia de adquisiciones de capacidades humanas, como el bipedalismo y el lenguaje, ocurridas a lo largo de ese tiempo “como producto de presiones”. Otra vez, yo esperaba oír “evolutivas” o “selectivas”. Pero no. Eran presiones para que estas capacidades aparezcan. O sea, que para Manes hubo presiones para que surgiera el bipedalismo, presiones para que surgiera el lenguaje, etc. Otra que Lamarck.

Claro, si lo piensan bien, Manes es médico. No tiene obligación de saber de evolución humana. Pero cuando uno no conoce bien un tema lo mejor es no tocarlo. En este caso parece que no era tan importante, porque Manes hablaba como “científico” a un público que no lo es y eso te permite hablar de cualquier cosa con un aura de autoridad. ¿Quién te va a discutir? Cuando se trata de hablar sin saber yo prefiero los sketches de “Sin codificar”, que por lo menos son graciosos.

“A los argentinos nos divide el pasado y el presente - dijo -, pero nos puede unir el futuro”. Y para eso tenemos que estar dispuestos a trabajar unidos por un país que nosotros no vamos a llegar a ver. Que tal vez vean nuestros bisnietos o tataranietos, pero no nosotros. Entonces puso como ejemplo a la generación del ochenta. Esa gente creó un sistema educativo que produjo varios premios Nobel. Pero ellos no alcanzaron a ver esos resultados. También citó a Favaloro, de quien aseguró que solía decir algo así como “Si pensás en el corto plazo plantá arroz, si pensás en el mediano plazo plantá árboles, pero si pensás en el largo plazo educá”.

A continuación el orador se refirió a la importancia del conocimiento en el mundo actual y que ella será aún mayor en el futuro. El saber, el capital intelectual es la mayor fuente de riqueza en la actualidad. Aún mayor que los recursos naturales. La cantidad de capital intelectual y no los recursos naturales, es lo que determinará que un país progrese y sea exitoso o “se quede atrás”. Y, dado que el cerebro es la sede del conocimiento, “nuestra misión como sociedad, no como partido ni como gobierno, sino como sociedad” es cuidar los cerebros que tenemos en el país para el futuro. Nutrirlos y educarlos.

Preguntó entonces “¿Qué otra cosa es la educación sino dos cerebros comunicándose?”.

A esta altura creo que debe haber quedado medianamente claro el reduccionismo del Dr. Manes. No es sentimentalismo aclarar que los seres humanos somos más que cerebros. Es verdad que un cuerpo sin cerebro no puede vivir. Pero no es menos cierto que un cerebro sin cuerpo tampoco. No puede respirar ni alimentarse ni nada. Somos una unidad y la totalidad de nuestro cuerpo está implicada en todo lo que hacemos. El cerebro es parte del cuerpo, no algo diferente de él. La mente es un emergente de la actividad cerebral tanto como de la corporal. Las emociones implican al ritmo cardíaco, la respiración, la piel, el rostro. Ni la comunicación ni la educación se efectúan directamente de cerebro a cerebro, como si fuera por telepatía. Se usa todo el cuerpo: el lenguaje (boca, laringe, lengua, oídos), gestos (rostro, manos), posturas, distancias (proxémica), tacto (abrazos, besos, estrechamiento de manos, palmadas en la espalda, etc.).

Es una deformación de las especialidades de la medicina científica reducir a las personas al órgano en el cual se ha especializado el profesional. En clínicas y hospitales se escuchan frases como “entró un hígado a la cama 118”, “tenés una próstata en la habitación 19”, etc.

Demás está decir, retomando el tema de la evolución, que tampoco las presiones selectivas operan sobre un órgano aislado sino sobre cada individuo como un todo, e incluso sobre las poblaciones como un todo.

Seguidamente pasó a caracterizar el proceder de los científicos. Según su descripción 1) “los científicos trabajamos en equipo”. Ya nadie trabaja solo. Es impensable. Siempre se trabaja en equipo, colaborando. Produciendo en equipo.

También 2) “los científicos nos basamos en lo que produjeron otros colegas en el pasado sin considerar simpatías personales”. No reinventamos la rueda en cada generación. Lo que se hizo bien lo tomamos, aunque no nos guste, o el que lo hizo no sea una persona de nuestro agrado. Y si un trabajo es malo no lo tomamos, aunque nos guste o lo haya hecho un amigo. Al tomar decisiones no nos dejamos influir por simpatías, antipatías, preferencias y emociones. Sólo por los méritos objetivos de las ideas.

Luego 3) publicamos nuestros resultados en journals internacionales exponiéndonos a la crítica de nuestros colegas de todo el mundo.

¿Cómo no? Ni siquiera la noción de comunidad científica de Kühn es tan rosa. Estos párrafos se podrían agregar a la letra de “Toca madera” la canción de Joan Manuel Serrat, después de los versos que dicen: “la Constitución te ampara, la justicia te defiende, la policía te guarda, el sindicato te apoya, el sistema te respalda y los pajaritos cantan y las nubes se levantan”.

Según Manes los científicos colaboran en forma desinteresada, unidos, libres de resquemores, sin amiguismos ni rencores ni exclusiones, y son valientes como para dejarse juzgar por los demás. Alguien que le de a leer “El campo científico”, de Bourdieu, o un libro de sociología o de historia de la ciencia. No digo uno de Feyerabend, aunque le vendría bien.


Tras esta descripción idealizada del funcionamiento de la Ciencia el disertante indicó que propondría al público “una metáfora”, y agregó, palabras más palabras menos, lo siguiente:

¿Se imaginan una sociedad que funcionara de esta manera? ¿Una sociedad donde todos trabajaran unidos, sin partidismos, en equipo, en pos de un futuro común que no llegarán a ver, reconociendo los logros de los que los antecedieron, lo que se hizo bien, sin hacer diferencias basadas en preferencias personales? ¿Y que después estén abiertos a exponerse a las críticas de los demás?
Por si no te quedó claro, acá Manes estaba proponiendo a la Ciencia como modelo ideal (o “metáfora”) de funcionamiento de la sociedad ideal. O mejor dicho, a su imagen idealizada de la Ciencia. O bien, sugiriendo que si queremos vivir en una sociedad tan maravillosa conviene tener dirigentes científicos. Al fin y al cabo ellos tienen el saber, son humildes, transparentes, solidarios, ecuánimes, desinteresados, y se los puede criticar sin que se enojen.

Me recordó al Rey Filósofo de la República de Platón. Sobre el lugar de la Ciencia y los expertos en una sociedad democrática sí es muy recomendable la lectura de Paul Feyerabend (“La Ciencia en una sociedad libre”. Siglo XXI ed.).

Resumiendo, Manes no dijo nada sobre el cerebro que resulte de utilidad práctica para su auditorio, como sí lo suelen hacer otros neurocientíficos, como Estanislao Bachrach, Molly Crocket o Roberto Rosler. No ofreció una conferencia de divulgación científica. Dio un discurso político elitista, demagógico, positivista, y reduccionista. Presentó su utopía: una sociedad que funcione como un modelo idealizado de Ciencia, avocada principalmente a cuidar “los cerebros” de los niños para dentro de tres o cuatro generaciones, sin preocuparse por el destino de los recursos naturales. Habrá que ver si haciendo eso tenemos un país dentro de tres o cuatro generaciones.

¿Qué quieren que les diga? Yo me preguntaba qué para qué cargo político se estará candidateando Manes. ¿Presidente de la CIC? ¿Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología? Está claro que propone una reforma educativa, aunque no en que consistiría.