miércoles, 9 de septiembre de 2015

¿Descubrirte o diseñarte?

Desde numerosos libros, páginas webs, revistas, blogs y programas de TV e incluso anuncios publicitarios te invitan a “ser vos mismo”, “descubir quién sos”, “descubrir tu verdadero yo”, “quien sos vos en realidad” o a “descubrir y/o liberar todo tu potencial”. El siguiente video, muy interesante por cierto, es un ejemplo de lo que estoy diciendo.



Aquí se apela a la idea tomada, según la tradición, de Miguel Ángel:
Miguel Ángel fue un autor que destacó en el trabajo del mármol, llevando a sus máximas consecuencias el concepto extractivo del cincelado. El propio autor reconocía que escogía los bloques de mármol para sus creaciones porque era capaz de ver la obra que contenían en su interior. Es decir, planteaba el trabajo del mármol como el arte de extraer las obras de los bloques de piedra en que se encerraban, de liberar a las figuras de la materia sobrante en que estaban aprisionadas (Tomado de la web “En clase de arte”)
Bien entendida esta es una hermosa metáfora. Pero lamentablemente con frecuencia se la utiliza de un modo poco conveniente. Ya retomaré la metáfora.

La misma idea se encuentra en la doctrina del “Desarrollo Humano”, de los economistas Mahbub Ul Haq y Amartya Sen, que promueve oficalmente el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este enfoque asigna al Estado el rol de fortalecer las capacidades y aumentar las oportunidades de las personas y el de "remover los obstáculos" o "quitar las barreras" que impiden a las personas alcanzar espontáneamente su potencial.

Aceptar estos llamados a ser vos mismo y liberar tu potencial es aceptar la tesis de que tenemos un “yo mismo” prefabricado e inmutable, programado al menos desde el nacimiento. Sólo así tiene sentido la busqueda por “descubrir quién sos vos en realidad”, por “descubrir tu verdadero ser” o “tu verdadero yo”. Sólo aceptando esta tesis tiene sentido la aspiración de “descubrir y liberar todo tu potencial”. (ver https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_del_potencial_humano).

Pero ¿cómo hacés para saber “quién sos en realidad”? ¿Y cómo hacés para saber hasta dónde llega tu potencial? ¿Y cómo es que te tocó cierto potencial y no otro? ¿Quién lo determinó eso? ¿O acaso todos tenemos el mismo potencial? Se supone que no, porque entonces no haría falta “descubrirlo” pues sería una constante para todos los seres humanos.

Aceptando esta tesis econtraremos numerosas personas dispuestas, por una módica suma, a ayudarnos a “descubrir quiénes somos realmente”, mediante alguna técnica o comprando sus libros. Pero esta gente, que no te conoce, ¿cómo hace para saber algo sobre vos que ni vos mismo sabés? ¿son adivinos? ¿Tienen vista de rayos X para ver la escultura dentro de la piedra? ¿tienen otros poderes especiales? Algunos sí pretenden tenerlos. No todos. Si querés creerles a quienes dicen tenerlos estás en tu derecho. Yo elijo otra interpretación.

Nadie (ni vos mismo) puede saber “quién sos en realidad” porque no existe ningún “vos mismo” o “verdadero yo” que pueda ser “descubierto”, ni existe ningún potencial preestablecido que pueda ser “liberado”. La cosa es muchisimo más interesante. Los seres humanos somos asombrosamente plásticos, dúctiles, indeterminados, en comparación con otras especies naturales. No sólo podemos aprender infinidad de cosas, realizar innumerables actividades y adquirir una variedad enorme de habilidades, sino que además podemos ELEGIR cuales.

El potencial de todo ser humano es infimito, porque no tiene preestablecido ninguno en particular. Es como una página en blanco ¿Qué texto contiene una página en blanco? Ninguno, obviamente. ¿Y en potencia? Infinitos textos ¿Por qué? Porque no hay restricciones. Antes de escribir la primera letra la entropía es máxima, como decían Shannon y Weaver. Los posibles textos son infinitos. Para un observador ajeno, es imposible predecir cual será el texto que efectivamente contendrá la página una vez que haya sido escrita. Pero no para el escritor. Porque el escritor no necesita predecir en el sentido de “adivinar” o “descubrir” un texto que ya está escrito, “encerrado”, “contenido” en el papel. El escritor lo inventa y, como depende de él (o ella), puede adelantar qué va a decir esa página. Dirá lo que él (o ella) ha decidido que dirá.

Así ocurre con los seres humanos. La metáfora de la escultura es válida en la medida en que “el material sobrante” es tal, no en relación a una escultura objetivamente preexistente en el bloque de piedra, sino en relación al modelo o diseño que el escultor tiene en su mente. Dado ese diseño, el escultor sabe qué es lo que sobra para transformar el bloque en la escultura que ha decidido hacer. La escultura no preexiste “en la piedra”. Está en la mente del escultor.

Siguiendo con la metáfora, no pierdas tiempo tratando de “descubrir quién sos en realidad”. Diseñate. Decidí quién querés ser. Quién VAS a ser. No necesitás de ningún adivino. La decisión es exclusivamente tuya.

En la medida en que seas el escultor de tu vida, una vez que hayas visualizado tu “obra” finalizada sabrás qué te está sobrando para que la misma aflore a partir del bloque que sos hoy. Sabrás qué tenés que remover para hacer realidad tu diseño ¿Qué hábitos y actitudes te están sobrando hoy, que no dejan aflorar la persona que querés ser? ¿Qué conversaciones te están sobrando? ¿Te decís que tu sueño no es para vos, que no te lo merecés, que es una utopía o que sólo es para quien nació con estrella y no para vos que naciste estrellado? ¿Qué prejuicios, qué miedos, tenés que “remover” de tu bloque? ¿O tal vez aún no visualizaste tu escultura terminada, quien querés ser? Nadie te puede contar cómo es. Porque nadie más que vos puede saberlo.

Claro, que la decisión por sí sola no alcanza. Luego de haber decidido sigue un trabajo sobre vos mismo(a) para transformarte en quién querés ser. Hay que esculpir. Y no es fácil. Y lleva tiempo. Ahí sí contás con profesionales que te pueden asistir mediante diversas “tecnologías del yo”, como las llamaba Focucault, a lograr el resultado que vos habrás elegido.

Los que se ofrecen para ayudarte a “descubrir tu verdadero yo” también usan tecnologías del yo. Pero hacen pasar por técnicas de “descubirmiento” de algo que “siempre estuvo ahí” lo que en realidad es un trabajo de modelado artesanal de lo que sólo llegará a existir a partir de su intervención. Ellos deciden por vos quién serás, aunque en el camino te digan que sólo están revelando quién siempre fuiste en el fondo sin saberlo.

No necesitás descubrir nada. No tenés un potencial “oculto” que pueda ser “liberado”. Tenés toda la libertad del mundo para elegir, para diseñarte. Y también toda la responsabilidad para emprender la transformación que te lleve al resultado que visualizaste anticipadamente. Es a la vez más difícil que ponerse en manos de un adivino y mucho más apasionante.

¿Qué hay en tu jabón? En particular, nada. En potencia, todo. ¿Qué podés sacar de él? Lo que vos quieras. Siempre y cuando te pongas a tallarlo.

Nota: La imagen de La piedad está tomada de Wikipedia y tiene licencia Creative Commons.

Bibliografía citada:



Foucault, M. (2008). Tecnologías del yo y otros textos afines. Buenos Aires: Paidós - ICE - UAB.
Shannon, C. E., & Weaver, W. (1981). Teoría matemática de la comunicación.